Buena despedida del déficit

La economía española está cerrando el año 2017 con cifras de récord varios, por lo general positivas. Este jueves hemos conocido dos, la del número de turistas extranjeros y la de una interesante reducción del déficit público hasta niveles que no se conocían desde hace bastantes años, aunque todavía en la zona de números rojos. Esta segunda circunstancias puede permitir que el país salga del incómodo caladero de  malas calificaciones en el que nos encontramos desde hace años, bajo el epígrafe de economías bajo vigilancia especial por la UE debido a los déficits excesivos.

Una salida de este apartado posiblemente nos vendría bastante bien con vistas a una mejora de la calificación que las agencias internacionales dan a la deuda española, aunque estas agencias están últimamente mirando más al  impacto político que pueda tener la crisis catalana en el devenir de la economía española. Es una pena que, en circunstancias económicas tan favorables sobre todo desde el punto de vista del acercamiento al equilibrio presupuestario, la economía española se vea privada de una mejora  de su calificación por parte de las agencias internacionales, ya que esta mejora podría tener un impacto muy importante en los costes financieros del endeudamiento del país.

La mejora del déficit público, hasta quedar situado a  finales de octubre en el 1,62%  del PIB, es bastante prometedora, ya que implica un recorte superior al 37%  en los números rojos de la economía española respecto a finales del mismo mes del año pasado. Esto significa que  el sector público está aprovechando razonablemente bien las oportunidades que brinda una economía que crece al 3% del PIB  y en la que los ingresos fiscales progresan adecuadamente, aunque podrían hacerlo de forma más acusada.

No deberíamos dejar de lado el hecho de que España es una de las economías con menor presión fiscal relativa, ya que los ingresos fiscales están muy por debajo de los correspondientes a nuestros socios europeos.  Es más, la presión fiscal ha caído en el año 2017 hasta el 34,1% del PIB.  Los cantos de sirena que de forma más o menos frecuente escuchamos por boca de algunos políticos hablando de la necesidad de recortar los impuestos son muy comprensibles, pero siempre a condición de que  esa rebaja sea equilibrada en los capítulos del gasto público no social o improductivo, lo que no siempre sucede.

En las cifras del sector  público durante los diez primeros meses del año llama la atención la mejora del superávit primario, es decir, el saldo  entre ingresos y gastos del sector público excluidos los intereses de la Deuda Pública. Este saldo positivo  has mejorado este año hasta el 0,5% del PIB, el doble que hace un año por las mismas fechas de finales de octubre. Es una buena noticia aunque a ella contribuye  de forma decisiva la escasa cuantía que está pagando España por el endeudamiento del Estado gracias a la política de bajos tipos de interés. De hecho, una parte significativa de la Deuda Pública española no genera intereses ya que  está emitida a tipos negativos.

La mejora de las cuentas públicas deja, por lo tanto, un cierto margen de mejora al Gobierno para reforzar algunas políticas de tipo redistributivo que tienen que ver con la mejora de algunos servicios públicos, aunque posiblemente sería un error desarrollar este tipo de mejoras sin tener en cuenta la imprescindible y urgente reforma de la financiación autonómica, ya que buena parte de estas políticas son patrimonio legal de las Autonomías.