Planes para domesticar la Deuda Pública

De todas las secuelas que ha dejado la crisis económica iniciada en el otoño el año 2008, la que va a tardar previsiblemente más tiempo en superarse es la relacionada con el nivel de Deuda Pública, que en los últimos meses ha estado rondando en torno a un porcentaje del 100% del PIB y que al término del tercer trimestre de este año ha retrocedido hasta niveles del 98% de la producción anual de la economía española. La Airef, el organismo creado hace unos pocos años para favorecer la sostenibilidad de las finanzas públicas y vigilar de cerca las grandes variables que influyen en su evolución, acaba de lanzar un vaticinio que podría considerarse inquietante: que España no logrará reducir hasta niveles del 60% del PIB su nivel de endeudamiento estatal hasta pasados bastantes años. Más o menos, hasta el año 2035.

Hay que recordar que la economía española arrancó su trayectoria en la crisis económica con un nivel de deuda que apenas llegaba al 36% del PIB. En los años posteriores, el fuerte crecimiento del gasto público y autonómico ha provocado una escalada de la deuda que condujo a un porcentaje ligeramente superior al 100% del PIB, lo que equivale a multiplicar casi por tres el peso del endeudamiento público en la capacidad de producción económica del país.

Este rápido aumento ha generado un crecimiento espectacular de los gastos financieros, ya que la financiación de la deuda ha requerido un permanente recurso al crédito, tanto de las entidades financieras como, sobre todo, de los mecanismos de financiación de mercado. Es decir, mediante la emisión de títulos que son objeto de subastas permanentes por parte del Tesoro y que una vez emitidos se cotizan en los mercados tras haberlos suscrito los inversores nacionales y extranjeros así como las instituciones de inversión colectiva.

El peso de la Deuda Pública española sobre la economía ha llegado, a la postre, a situarse en unas condiciones muy perniciosas para el crecimiento. Los gastos financieros para mantener esta elevada deuda son el segundo capítulo del gasto público tras el de las pensiones. El coste está siendo elevado aunque podría ser bastante superior de no haber sido por la política de tipos bajos impulsada por el Banco Central Europeo (BCE), gracias a la cual una buena parte de la Deuda Pública actual ha sido emitida con tipos de interés negativos.

Las previsiones de la Airef, según las cuales este alto endeudamiento podría bajar por debajo del 60% del PIB desde el 98% actual a la vuelta de tres lustros, son bastante esperanzadoras, a pesar del largo plazo que todavía resta para que se hagan realidad. Pero en todo caso requerirán una serie de condiciones muy exigentes, como que la economía logre mantener un ritmo de crecimiento medio a lo largo de estos años al menos superior al 2% anual y, sobre todo, que los Presupuestos públicos arrojen cada año cifras más próximas al equilibrio entre ingresos y gastos e incluso saldos presupuestarios de signo positivo, dejando atrás definitivamente el déficit en las cuentas públicas como modelo habitual de funcionamiento.