La España desigual

Hay en España varias velocidades en el crecimiento económico. Queda más o menos claro tras la observación de los datos de la contabilidad regional que hace unos días dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística (INE).  Las regiones que más crecen suelen ser las de siempre, que coinciden con las más prósperas. Las que crecen menos están en la zona baja del desarrollo. Es una realidad que el Estado de las Autonomías no ha logrado revertir o reordenar.

En teoría, las Autonomías (gracias al desarrollo de potentes prorrogativas legales) cuentan con instrumentos importantes para modelar la política económica que más conviene a sus territorios  adaptando de forma conveniente  la política económica del Gobierno de la nación.  Pero esa posibilidad no siempre está siendo aprovechada por las autoridades autonómicas. Una de las vertientes en las que este hecho se puede constatar es en la adaptación  de los impuestos, terreno en el que las Autonomías cuentan con potestades bastante amplias pero que no han acertado a utilizar de forma conveniente  para el mayor provecho de sus ciudadanos. Un examen  crítico de estas políticas fiscales sería conveniente a la hora de explicar los resultados tan dispares que muestran las tasas de crecimiento económico por Autonomías. Ser miembros de un mismo país no garantiza tanta igualdad como se suponía.

Durante el año 2016, Baleares se situó a la cabeza del crecimiento económico regional, nada menos que con un 3,8% de subida anual del PIB, en contraste con el 3,3% de media para el conjunto del país y de  crecimientos inferiores al 2%, incluso del 1%, en las zonas menos privilegiadas. Como La Rioja, Ceuta y Melilla más Asturias. Estas cuatro regiones crecieron incluso menos que la media europea, que alcanzó el 1,9%. La prosperidad de las Islas Baleares está muy apoyada en el potente sector turístico.  La menor prosperidad de las regiones que mostraron las menores tasas de crecimiento es un  compendio de diversas circunstancias, desde su carácter marcadamente rural centrado en pocos cultivos hasta el bajo desempeño de la actividad industrial en una región como Asturias, que ha pasado de las primeras posiciones de crecimiento hace tres o cuatro décadas hasta la cola del impulso económico  debido a la concentración en su territorio de industrias que han pasado a un plano muy secundario, como la minería o la siderurgia.

El crecimiento lo están protagonizando en estos últimos años algunas zonas más dinámicas, como la citada Baleares, junto con Madrid, Cataluña, Castilla y León o Galicia, todas ellas con crecimientos en su PIB anual superiores al 3,6% el pasado año. Es decir, el doble o más que el conjunto de la  media europea y sustancialmente por encima de la media española.

Llama la atención la diferencia entre renta por habitante y crecimiento económico. Madrid comparte el liderazgo en ambos  casos, pero  tanto Castilla y León como Galicia  y Valencia  se encuentran por debajo de la media española en renta por habitante y lograron el año pasado crecimientos económicos por encima de la media española, lo que significa que están  logrando avances importantes a la hora de recuperar mejores posiciones en el mapa  español de riqueza por habitante, ya que sus crecimientos demográficos están  bastante cerca de la media.