Bolsa y política, otra vez de la mano

Quedan apenas tres jornadas hábiles (miércoles, jueves y viernes)  para que la Bolsa cierre el año 2017 y el balance es algo menos positivo de lo que se esperaba en un principio. De hecho, la Bolsa española arrancó el año como uno de los mercados favoritos de los inversores, pero a la altura del mes de mayo se torcieron las cosas. El Ibex 35 llegó a superar  fugazmente los 11.000 puntos, caso un 20% de ganancia acumulada desde el arranque del año, pero a partir de ese momento ha descrito una trayectoria bajista que ha reducido las ganancias a la mitad. Previsiblemente en esa zona terminaremos el año, es decir, con una ganancia acumulada del entorno del 10% o poco más.

Al comparar esta trayectoria con la de los principales mercados, el balance no  resulta en absoluto airoso, ya que la Bolsa española, medida por el Ibex 35, prácticamente  no ha logrado superar más que a la británica. Los demás mercados significativos han subido con más fuerza. Los de Estados Unidos entre el doble y el triple que el selectivo español y los europeos os han sacado una ventaja bastante menor, pero significativa en todo caso, salvo la Bolsa londinense.

La merma de las ganancias se justifica posiblemente por los débiles resultados que se han producido en la escena política, ya que el Brexit no tiene una lectura favorable tras más de un año de tortuosa negociación,  mientras las elecciones germanas han dado como resultado un mosaico de partidos  peleando en busca de una mayoría gobernante de difícil materialización, lo que tiene su importancia dado que Alemania es la economía líder de Europa y el país  sobre el que basculan las grandes decisiones y orientaciones de la zona euro. Francia también ha vivido sus inquietudes políticas y,  aunque el resultado se ha traducido en un rechazo de los populismos y los partidos extremistas, el Gobierno de Macron  tiene sus dificultades para sacar adelante una línea sólida de crecimiento económico. Italia está a punto de entrar en zona de  curvas y Austria se ha decantado por  la opción más conservadora, mientras Polonia  ha abierto una guerra política inquietante por su escasa sintonía con los  principios más elementales de la UE. España, por  último, ha quedado severamente  afectada por el conflicto catalán.

En suma, la política no ha hecho gran cosa por contribuir a la estabilidad económica de la zona euro, lo que contrasta con las cifras reales de crecimiento económico, que se encuentran en sus mejores momentos desde hace varios años y con buenas perspectivas  de continuidad  a medio plazo. En  principio, las Bolsas no tienen muchos motivos para describir este año una senda peor que la del ejercicio de 2017, a punto de concluir.  Europa contrasta, en  sus variables bursátiles, con la brillante trayectoria de los índices bursátiles de Estados Unidos, de Japón y de los mercados emergentes, Brasil en particular, mercados todos ellos en los que  la  renta variable ha tenido un desempeño dos o tres veces más alcista que las Bolsas europeas en general y que la española en particular.  Cabe suponer,  por ello, que el año 2018 sea para los mercados europeos  de renta variable algo más propicio que lo  fue el año 2017, incluso si empieza a asomar en el horizonte el cambio de rumbo en la política monetaria del BCE, de  cara a un cierto endurecimiento de los tipos de interés.  En el caso particular español,  el rumbo de la crisis catalana puede implicar una prima de riesgo que los inversores  posiblemente tengan en cuenta, frenando su interés por el mercado español mientras la situación no se clarifique.