Quién refundará el euro

La refundación del euro no parece marchar por buen camino. El próximo 15 de diciembre,  la cumbre europea tendrá que analizar en un primer vistazo las propuestas que este miércoles ha lanzado la Comisión Europea para tratar de convertir a la zona euro en un bloque más homogéneo y con una autoridad más definida.  Naturalmente, la Comisión Europea trata de ponerse por delante en esta carrera para  concentrar el poder necesario que le permita en el futuro,  por encima de las injerencias de los Gobiernos de cada país,  contar con instrumentos efectivos de gestión de eventuales crisis económicas y monetarias. La puesta en marcha del nuevo Fondo Monetario Europeo, cuya dirección se disputan algunos Gobiernos (en especial,  faltaría más, el de Alemania) con Bruselas,   está en el centro del debate.

El momento para reorganizar  el funcionamiento de la UE no parece inoportuno, ya que la reciente crisis económica ha quedado superada, sus lecciones están frescas en la memoria de todos y la actividad de la economía  evoluciona aceptablemente, sin llegar a tasas de expansión idílicas pero al menos  con buen ritmo y una razonable sintonía entre las principales economías de la zona, sin rezagados de importancia, incluso con Grecia en el pelotón  conjunto,  al fin encarrilados sus mayores problemas, hasta el punto de que los mercados están premiando a este país con una nota bastante aceptable tras los numerosos ajustes realizados y las cuantiosas ayudas recibidas. En el pelotón europeo, España está en la zona de cabeza  en cuanto a crecimiento y como es lógico Alemania marca la pauta porque ha sido la economía que  mejor ha salido de la crisis y que está gestionada con mayor eficacia.

Pero los  planes de Bruselas para reorganizar el funcionamiento de la UE tienen un grado de comprensión diferente según  los países. Alemania no va a ceder poder ni protagonismo a los burócratas de Bruselas, de forma que la principal institución que podría emerger del nuevo orden europeo, el FME, estará fuertemente mediatizada por los ministros de Economía, es decir, del Eurogrupo (que estrenará en breve nueva presidencia, el ministro portugués Mário Centeno), dejando para la Comisión Europea una función más secundaria. Francia postula un esquema  con matices diferentes, es decir, mayor centralización de las decisiones en Bruselas y papel cooperante de los Gobiernos, en  su mayor parte a través de los titulares de Economía, es decir, el Eurogrupo.

La llegada del portugués Centeno a la dirección del Consejo de ministros de Economía puede ofrecer una panorámica diferente, ya que los papeles de la Comisión Europea podrían quedar algo difuminados si el Eurogrupo toma un protagonismo más activo, lo que en gran medida dependerá del papel que está dispuesta Alemania a dejarle desempeñar al nuevo responsable de este organismo. De entrada, su elección parece anticipar un apoyo  bastante firme a pesar de su condición de político del sur europeo y a pesar de que Centeno ha sido una de las voces más críticas contra  la austeridad financiera que siempre ha sacralizado Berlín. Sus críticas no le han pasado factura sino, por el contrario, le han servido de premio con voto de confianza incluido. Hace unos pocos años, Alemania, por  boca de su titular de Finanzas, vaticinó un rescate para Portugal. Ahora se le pone como país con una gestión económica ejemplar.  Su papel será posiblemente decisivo a la hora de poner en su justo sitio las aspiraciones de mando de Bruselas, Berlín y  París.

 

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