La inversión es la que tira del PIB

En los últimos días, las previsiones de crecimiento de la economía española se han vuelto del revés. Tras varias semanas de insistir en recortar décimas al crecimiento económico español por causa de la crisis política catalana, el tobogán de previsiones se ha vuelto en la dirección alcista. Y de momento los cálculos oficiales, los que elabora el INE (Instituto Nacional de Estadística), vienen a consolidar  las mejores imprdesiones.

El INE acaba de  dar por cerrados sus cálculos del tercer trimestre, que se detuvo en vísperas del famoso 1 de octubre del referéndum catalán que desató  lo más agudo de la crisis.  El tercer trimestre se cerró en efecto a finales de septiembre y  durante esos tres meses, vísperas del inicio de la crisis política, el PIB español creció  sobre el segundo trimestre previo en  un 0,8%, lo que significa que en términos anuales  el aumento del PIB fue del  3,1%, todo ello dentro de lo que ya se venía vaticinando.

Se abre a partir de ahí la incógnita de qué cifras nos ofrecerá realmente el cuatro trimestre y en qué crecimiento cerrará el año 2017 en conjunto, ya que los tres últimos meses pueden deparar una cierta debilidad habida cuenta de que los datos de la economía catalana han flojeado a ojos vista en variables tan importantes como el consumo privado o la entrada de turistas, la ocupación  hotelera y los precios del sector inmobiliario, termómetros todos ellos que conducirán  a un debilitamiento claro en la economía catalana. Lo que de ahí se derive para el conjunto del PIB español está por ver.

Pero los datos ofrecidos este jueves por el INE aportan algún anticipo interesante, aunque no entren de lleno en el territorio temporal de la crisis catalana. En efecto, el componente más dinámico del PIB en estos tres últimos meses de los que hay datos fiables ha sido la evolución alcista de la inversión, que ha crecido a un ritmo  anual nada menos que del  5,4%, el más alto en términos anuales de los dos últimos años. La inversión de hoy es el empleo y el crecimiento del mañana, suelen decir los economistas. Y con tales expectativas, no es de extrañar que algunos analistas y bancos de inversión estén resultando estos días coincidentes con un estado de ánimo menos precario del que hasta ahora se manejaba para los próximos trimestres, cuando el impacto de la crisis catalana empiece a dotar de realidades a las estadísticas.

No conviene alimentar  ilusiones, ya que el 21-D está a la vuelta de la esquina y es una fecha que puede marcar un  punto decisivo en la configuración de las expectativas políticas y, por ello, en el estado de ánimo de los  mercados, de los inversores y de los  consumidores.

En definitiva, en el curso posible del PIB y de  algunas variables tan importantes como el empleo. Pero el hecho de que las empresas se hayan anticipado mediante una apuesta decidida por la expansión productiva mediante nuevas inversiones significa que la  creación de empleo pasa a formar parte del escenario previsible en los próximos meses. En este último año, en los cuatro trimestres que se han desarrollado hasta finales de septiembre pasado, la creación de empleo ha superado muy ligeramente la cifra de las 500.000 personas, lo que equivale a un 2,9% de crecimiento en términos relativos.  Bien es verdad que la productividad de la economía no está saliendo bien parada en estos años,  y que ello puede tener algún impacto moderador del crecimiento futuro, pero ya es importante que  se estén creando puestos de trabajo en un país que ha encajado las peor crisis laboral de la UE  a lo largo de esta crisis económica. Un estado del que estamos saliendo con cierta firmeza y que la decidida apuesta de los inversores por el crecimiento, como se ha detectado en estos últimos meses, tenderá a reforzar.