Los pilares del impulso europeo

El proyecto europeo tiene muchos retos pendientes, pero no todos consisten en alcanzar metas más o menos ambiciosas. También tiene que remover obstáculos. Algunos de ellos se han mostrado especialmente virulentos en los últimos tiempos, como el resurgir de los brotes de populismo o los riesgos de una exacerbación, y eventualmente multiplicación, de los nacionalismos. De esto último hemos tenido y  estamos experimentando amargas experiencias en España con el caso catalán, aunque los riesgos de dispersión no son sólo  patrimonio de España, ya que también  los padecen con intensidad  y periodicidad  diversas algunos Estados de la UE como Bélgica o Italia.

La  Comisión Europea tiene entre manos darle un impulso político y organizativo a la zona euro para  contrarrestar las amenazas que se han recrudecido en estos últimos años, algunas veces como consecuencia de la dureza de la crisis, en otras debido a tendencias históricas (caso de los nacionalismos) que salen a relucir con periodicidad variable.

Entre esas iniciativas salidas de la fábrica de ideas de Bruselas  destaca la creación de una especie de Fondo Monetario a escala del euro  (que en parte se solaparía con el genuino FMI, con sede en la capital de Estados Unidos y que sirve de paraguas organizativo para todo el mundo  en casos de crisis y desajustes de  perfil vario), la confección de un presupuesto común para la zona euro  y, como tercer pilar, la personalización de tan buenas ideas en torno a un vicepresidente  económico del euro, es decir,  una especie de superministro responsable de poner en orden las cuentas y las políticas económicas.

Difícil tarea porque, antes de empezar a construir este ambicioso edificio, Europa debería clarificar el papel conductor de Alemania y esta decidirse a tomar el mando  asumiendo por igual tareas y responsabilidades, lo que siempre ha sido un freno para los alemanes, que  creen en su propio modelo económico y desearían verlo aplicado en toda la UE, pero tienen reservas a la hora de hacerse cargo de los percances en que puedan incurrir algunos de sus socios menos disciplinados.

Esta ha sido, a la postre, la razón  principal por la que iniciativas importantes de la zona euro, como la Unión Bancaria o el fondo europeo de deuda estatal, no hayan salido adelante con la premura necesaria. A ello cabe unir ahora las dificultades políticas de la propia Alemania, enredada en un complejo panorama del que tiene difícil   salida porque el liderazgo de Angela Merkel ya no parece ser tan firme como en el pasado. Y si Alemania no tiene una mano firme al frente de los asuntos del país, Europa lo tendrá menos fácil a la hora de buscar un impulso político y económico que resultan necesarios, por no decir imprescindibles, para consolidar el euro y para alejar del camino los riesgos que en los últimos meses han ido apareciendo, como los mencionados populismos y nacionalismos.