Alemania, otra vez locomotora

Alemania  está tomando las riendas del crecimiento económico  europeo con entusiasmo en los últimos meses. En el tercer trimestre de este año, el PIB ha aumentado un 2,8% en términos anuales, cinco décimas por encima del 2,3% del segundo trimestre. Es crucial para la UE  que la economía líder tome un rumbo alcista tan sólido porque detrás es más que probable que vayan  las demás economías grandes de la zona. No es el caso de España, que  vive este año 2017 su tercer ejercicio consecutivo de crecimiento al ritmo del 3% o superior.

La base del crecimiento alemán está siendo tanto la exportación como la demanda interna, en especial el tirón del consumo. Las exportaciones del país centroeuropeo  están creciendo con fuerza gracias a la elevada competitividad de sus productos así como a las características propias de los productos industriales germanos, con una alta tecnología que les otorga altas posibilidades en los mercados internacionales.

La fórmula se parece bastante a la que le ha servido a España para recuperar el aliento en estos últimos tres años, aunque con una diferencia muy sustancial, la del impacto en el mercado de trabajo. Mientras Alemania roza el pleno empleo, España  mantiene una tasa de paro por encima del 16%, el doble que en el año de inicio de la crisis, allá por el año 2008. Alemania tiene una tasa de desempleo algo inferior al 4%, según las últimas estadísticas.

La gestión de la economía germana, que suele ser puesta en tela de juicio cuando se trata de  buscar su aplicación a otras economías de la zona euro,  como la española, ha sido bastante exitosa en el último lustro gracias a su eficaz contención del gasto público, al equilibrio fiscal convertido incluso en superávit y a otras medidas consideradas de perfil ortodoxo, que no siempre encuentran acomodo en los países mediterráneos de la UE como España o Italia. En Alemania, estas medicinas funcionan y no por eso es un país con mayores desigualdades sociales que España.

Las previsiones económicas para el año en curso apuntan, gracias al estirón de países como Alemania y España, a un crecimiento del PIB del 2,2% de promedio, el nivel más alto de los últimos años. Francia e Italia aún no se han incorporado  a la recuperación de forma convincente, de modo que Alemania está ejerciendo una vez más de motor principal de la  economía de la zona euro, en este caso con el apoyo de algunos países de envergadura también importante aunque menor, como es el caso de España.

El estirón de la economía alemana se va a convertir este año, para el caso de España en particular,  en el contrapunto de la crisis catalana, ya que lo que está afectando negativamente la crisis política y en cierta medida económica del conflicto con Cataluña lo va a compensar de forma posiblemente completa e incluso algo superior el efecto de la mayor  actividad económica de Alemania, que es un importante cliente de numerosas exportaciones españolas como se está viendo en los últimos meses. Todo parece indicar  que este influjo positivo de la demanda alemana va a seguir trasladándose a la economía española durante los próximos trimestres.