El giro político catalán y los mercados

No resulta nada fácil trasladar las vicisitudes políticas a las cotizaciones bursátiles o a las evoluciones de los precios en el mercado de bonos o en el de divisas. Este miércoles, por ejemplo, la vertiente política ha pintado mal ya que todo parece indicar que se han torcido las escasas posibilidades de un acuerdo político entre los protagonistas del actual conflicto y este sesgo no  tranquiliza a los ambientes económicos.

Sin embargo, ni el Ibex 35 se apartó apenas de la línea dominante en los demás mercados europeos, ni la prima de riesgo ha empeorado (mejoró un poco), ni los tipos a largo han  subido (bajaron en realidad), con el  euro estable. Es decir, impacto aparentemente escaso en el mundo económico, que sigue muy de cerca las idas y venidas, ideas, declaraciones, disensiones y rupturas internas entre los protagonistas del interminable laberinto catalán. Todo parece marchar, en lo político, hacia la abrupta ruptura, pero los mercados  simplemente lo observan con temor, con desencanto incluso, con incertidumbre  pero sin expresiones de crisis económica a la vista.

Y, sin embargo, el hecho de que la crisis catalana camine hacia terrenos de abierto conflicto entre el Estado y los dirigentes nacionalistas no es en absoluto un asunto de importancia menor. Le costará al país una buena tajada de crecimiento económico, es decir, de prosperidad para los ciudadanos, con descenso de muchas actividades y el consiguiente descenso del nivel de empleo, además de la imposibilidad de recortar el elevado nivel de paro, que en Cataluña es algo menor que en el conjunto del Estado español, pero también es elevado y susceptible de reconducirse hacia cotas más tolerables.

Las manifestaciones de este impacto negativo en la economía son de varios tipos, algunas inmediatas, otras de expresión más  dilatada, con efectos a medio plazo. Las más inmediatas hemos comenzado ya a verlas aunque el salto cualitativo que puede vivir la vida política esta semana hacia cotas de mayor enfrentamiento político  puede acelerar los signos de deterioro económico. Las ventas de consumo en los establecimientos comerciales han caído ya de forma apreciable, las visitas de turistas están en trance de recorte, las reservas  en establecimientos hoteleros  han mostrado sus primeros descensos, las operaciones de compraventa en el mercado inmobiliario han  ofrecido ya señales inquietantes de deterioro cuando el mercado inmobiliario español, en especial en las grandes ciudades, parecía lanzado a una mejora  de  precios y número de  operaciones y transacciones.

El reflejo más llamativo de todos ha sido la marcha de empresas, compañías que han optado por cambiar su sede social y a veces también la fiscal para eludir los problemas que pueden encontrarse en una Cataluña  más convulsa de la que hemos visto en los últimos años, modelo de equilibrio y estabilidad con crecimiento.  Algunos de estos cambios de localización traerán consigo efectos negativos en el nivel de empleo, ya que con las sedes empresariales pueden emigrar en algunos momentos las decisiones de inversión y crecimiento futuro. Y eso también se dejará notar,  aunque a plazo algo más dilatado, no de forma inmediata. El impacto negativo en la creatividad empresarial es algo que puede contribuir a empobrecer uno de los espacios más creativos y prósperos del Estado español. Una pena. La política no ha estado a la altura de las circunstancias.