Cambio de dueños en las empresas

La propiedad de las empresas españolas que cotizan en los mercados de renta variable ha cambiado bastante en los últimos años. Los dos rasgos más llamativos han sido el aumento de la presencia de los inversores extranjeros así como de las familias en contraste con la casi  desaparición de las entidades financieras españolas, cuya presencia en el accionariado ha quedado reducida a porcentajes casi testimoniales. Según el informe anual que sobre las empresas cotizadas elabora Bolsas y Mercados Españoles (BME), que es la empresa propietaria de los mercados bursátiles españoles, el capital que los bancos tienen en las empresas cotizadas apenas representa el 3% del total.

Nada que ver con porcentajes muy superiores  (por encima del 15%)  antes de  la crisis financiera, aunque los bancos y las cajas de ahorros, que siempre han tenido mucho poder en las empresas cotizadas, nunca habían alcanzado porcentajes muy elevados en el capital social. Controlaban (y en muchos casos siguen controlando las empresas cotizadas) mediante otros mecanismos que la mera propiedad de acciones, como por ejemplo su  poder de concesión de créditos y de financiar a las compañías.

El hecho de que ahora  solo un 3% del capital sea  propiedad de los bancos refleja  la movilización de recursos que han llevado a cabo la banca en estos años de crisis, con objeto de aflorar plusvalías acumuladas con las que  alimentar  los fondos de dotaciones para insolvencias en sus balances. La  mayor morosidad de los bancos ha tenido que ser contrarrestada con mecanismos diversos, uno de ellos la venta de activos financieros, como las acciones de empresas cotizadas, a que han pasado a ocupar un papel secundario en los balances de la banca.

La  principal novedad de estos últimos años ha sido el papel creciente del capital extranjero, que en el año 2016 alcanzó su máximo histórico con el 43,1% de presencia. Alguna explicación concreta la tiene el hecho de que haya compañías extranjeras cotizando en España, como Arcelor Mittal o IAG (la matriz de Iberia), por citar dos casos. Pero también  ha  influido  el creciente  papel de las empresas españolas en el exterior, lo que ha  provocado  en sentido inverso y recíproco la atracción de inversiones de mercados extranjeros.  La presencia de capitales  foráneos en el capital de empresas españolas es un factor que contribuye a  dotar de estabilidad  a la  gestión de las compañías cotizadas así como a incrementar y reforzar  la profesionalidad de los equipos directivos.

Otra novedad destacada es la mayor presencia de capital de las familias españolas, que habían visto reducida su presencia en las compañías cotizadas hasta mínimos del orden del 20% en vísperas de la crisis pero que en los  años más recientes han aumentado su presencia en los capitales de las compañías cotizadas hasta superar el 23% del total, si bien el peso ha llegado a ser bastante superior.  A este porcentaje de presencia directa de accionistas particulares hay que sumarle la presencia indirecta de las familias a través de los fondos de inversión, que representan porcentajes de hasta el 7% adicional cuando se le suman las participaciones de las compañías de seguros.