Los empresarios hablan de Cataluña

Los empresarios, a través de la patronal CEOE, han roto este miércoles su silencio para comentar y  valorar lo que sucede en Cataluña, asunto que sin duda les afecta. Y mucho. No han faltado a la cita en la que se ha elaborado el comunicado final los representantes del empresariado catalán, que han  añadido un punto de valoración política a la  comunicación final. La razón por la que los empresarios han tardado tanto tiempo en pronunciarse de forma colectiva y global sobre  la situación catalana y el enfrentamiento con el Estado resulta difícil de comprender.

El sector empresarial de raigambre más catalana  no se ha caracterizado por su fervor nacionalista y  separatista, que en los últimos tiempos ha ido progresivamente quedando secuestrado en manos radicales. El sector empresarial catalán  ha sido posiblemente el primer sorprendido en  constatar cómo el partido liberal conservador y nacionalista en el que se encontraban representados (Convergencia i Unió) se ha desmoronado como  un castillo de naipes.  Los empresarios catalanes  se han mantenido al margen de la vida  política y posiblemente se han dado cuenta de su error con notable tardanza. Ahora ya es irrecuperable contar con  lazos de unión entre las fuerzas políticas de Cataluña y los sectores empresariales más  representativos, aunque en el sector de la pequeña y mediana empresa, el nacionalismo cuenta con un cierto arraigo cuya  naturaleza sería interesante analizar.

El  texto consensuado por los empresarios  tiene diagnóstico, preocupación, alerta a la sociedad y demanda de una solución política a la mayor urgencia ya que  después del primer día de octubre, el escenario que se dibuja  deberá  abrir paso a la  búsqueda de  algún tipo de solución. A nadie se le ocurre que  la situación de crispación y enfrentamiento permanentes pueda ser una salida válida, ya que ese tipo de situaciones acaba generando  escaladas  de riesgo social y al final de confrontación.

Una de las primeras  preocupaciones del sector empresarial en estos momentos es la situación de inseguridad jurídica que se abre y que tiene  alto riesgo de ir a más. En un entorno  de inseguridad, la vida empresarial es  inviable, entre otras cosas porque se están abriendo escenarios  de  duplicidad de poderes ante los que el empresariado  se siente lógicamente incómodo y confuso, aunque  la declaración  que acaban de lanzar al aire los afectados deja bien claro su  respecto por el actual marco legal y constitucional. No hay, según declaran, margen posible para llevar a  cabo la actividad empresarial si no es con respeto pleno a la legislación vigente. Los cambios  que eventualmente se lleven a cabo en el futuro tendrán que ser el resultado de una negociación entre  los poderes políticos.

La política de hechos consumados y de ruptura abierta que han anunciado los actuales dirigentes de la Generalitat se traducirá  posiblemente en un escenario de  cambio de sedes empresariales, como ya han anunciado algunas  instituciones representativas.  Ello afectará no sólo a  empresas extranjeras sino a compañías cuya principal actividad  radica en el mercado español.

Una de las pretensiones de los responsables de la Generalitat, la de poner en marcha una Agencia Tributaria propia que recaude los tributos de empresas y particulares en Cataluña, excluyendo  toda capacidad del Estado, será necesariamente un punto de ruptura de difícil arreglo entre las partes.

La  declaración empresarial llega, en todo caso, algo tardía. Los catalanes  deberían haber tenido algo más de información sobre los puntos de vista de sus empresarios a lo largo de estos meses de propaganda y tensión política, en la que no siempre la verdad ha brillado.

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