Alegrías para la Seguridad Social

La recaudación de la Seguridad Social por cotizaciones superó por primera vez el listón de los 10.000 millones de euros durante el mes de agosto que está a punto de finalizar. Es un buen paso en la línea de corrección del cuantioso déficit de la Seguridad Social, que este año se prevé baje hasta los 16.600 millones de euros frente a los 18.000 millones de desequilibrio del año 2016. La corrección de los números rojos es lenta pero al menos está describiendo una trayectoria algo más positiva de lo que se esperaba.

La mejora de los ingresos está, en todo caso, condicionada por la modesta aportación que realiza una parte significativa del colectivo de cotizantes, ya que las medidas de apoyo al empleo que han ido aplicando los últimos Gobiernos han sido instrumentadas en una buena parte por la vía de los incentivos económicos, rebajando las cuotas de los nuevos empleados, por lo que el crecimiento potencial de los ingresos del sistema se ve mermado en gran medida. Pero el crecimiento del empleo y de la afiliación han sido superiores a las previsiones que se manejaban a principios de año, lo que ha permitido una mejora interesante de la situación financiera del organismo.

Para el conjunto de este año está previsto que la recaudación por cuotas supere los 110.500 millones de euros, un 6,8% por encima del año pasado. Parece que la cifra se va a superar finalmente si la tendencia vista en agosto se sostiene en los meses que restan del año. No habrá, con todo, dinero suficiente para pagar las pensiones, por lo que el Estado aportará algo más de 10.000 millones de euros para compensar, sobre todo ahora que las extracciones de dinero del Fondo de Reserva ya no son posibles en las cuantías que se realizaban en estos últimos años porque el Fondo en cuestión está cerca de su extenuación financiera.

Se trata, de todas formas, de un paso modesto en la corrección del déficit del sistema asistencial público y que en modo alguno permite echar las campanas al vuelo en relación con el anhelado objetivo de equilibrar gastos e ingresos, una equiparación que se ve dificultada por el hecho de que los nuevos pensionistas que inician el cobro de su jubilación perciben por lo general un 30% más de lo que ingresan los jubilados que están causando baja por fallecimiento. La diferencia entre la vida laboral de unos y otros es la que explica una buena parte del creciente déficit, aunque este año las cifras de desequilibrio entre gastos e ingresos podrían resultar más favorables que en ejercicios anteriores. El anticipo de los ingresos contabilizados en agosto, todo un record histórico, permite por lo tanto cierto optimismo.

Aún así, el problema de fondo subsiste y ni siquiera cuando las cifras de cotizantes y empleados alcancen, como ha vaticinado el Gobierno, los 20 millones de personas, se podrá alcanzar ese equilibrio, a no ser que se produzca un aumento der las cuotas de los afiliados. Esta posibilidad ha resultado descartada en numerosas ocasiones porque supondría un encarecimiento del empleo y, por lo tanto, un impuesto que resultaría de consecuencias nocivas para el dinamismo y la competitividad de la economía. Algo quizás se llegue a realizar mediante una elevación de las cuotas de los salarios más altos, pero eso no va a resolver el problema, simplemente lo mitigaría de forma modesta, además de generar distorsiones retributivas y fiscales poco convenientes. La reforma del Pacto de Toledo que se está discutiendo desde hace bastantes meses tendrá que aportar soluciones novedosas que impliquen un mayor compromiso financiero del Estado.