Problemas con un euro caro

Todo parece indicar que tendremos euro caro para una buena temporada. Este martes, su cotización se ha colocado por encima de la barrera de 1,20 dólares. No hace mucho tiempo, unos dos años, que se especulaba con la posibilidad de que ambas divisas, el dólar y el euro, alcanzasen una valoración paritaria, similar, es decir, un dólar por euro o viceversa. Pero esa previsión ha desaparecido de los radares debido a una serie de motivos, entre ellos la desconcertante política económica del nuevo presidente estadounidense o la reiterada demora de la Reserva Federal en su anunciada, y siempre aplazada, subida de tipos de interés a un ritmo que está siendo mucho menor que el esperado.

También está pesando el fortalecimiento de la economía europea, que este año ha tomado la delantera a la economía estadounidense, lo que se ha venido reflejando ya a lo largo de todo el año 2017, con un encarecimiento gradual del euro frente al dólar, que estos días roza el 15% en lo que va de año. La reciente publicación del PIB de Alemania, principal economía de la Eurozona, reflejando un excelente crecimiento en línea con los años previos al inicio de la crisis, ha sido uno de los impulsores de la valoración de la divisa europea.

En las últimas semanas, a estos factores de fondo se han unido las expectativas de las políticas monetarias de ambos bancos centrales, el ya mencionado retraso en las subidas de tipos de la Reserva Federal y más recientemente las dudas sobre lo que piensa hacer el Banco Central Europeo. Las dos reuniones de ámbito internacional celebradas en las últimas semanas, en las que los banqueros centrales han intervenido dando sus puntos de vista, han defraudado a los analistas y a los expertos, ya que ninguno de los dos grandes bancos centrales ha sido capaz de comprometer una línea clara de actuación y ofrecer una perspectiva clara de conducta, lo que tiene muy desconcertado a casi todo el mundo.

Lo que más llama la atención es la discreción con la que últimamente está actuando el máximo responsable del BCE, Mario Draghi, cuya locuacidad de otros tiempos ha tornado en palpable mutismo. Este hecho ha sido el desencadenante de las últimas subidas del euro, por lo que los mercados están a la espera de que en un plazo de menos de un mes, el máximo responsable del BCE se pronuncie sobre la política monetaria que va a seguir la institución en el curso del año 2018, cuando estaba previsto que se aplicarían medidas monetarias más normalizadas. En estos momentos, los dos bancos centrales parecen haber entrado en una fase de mutua observación, ya que cualquier movimiento de uno de ellos o anuncio de próximas medidas puede generar un aumento de la volatilidad de las divisas respectivas.

En el plano de las consecuencias, un euro al alza, tal y como se está moviendo en estos m eses y con expectativas de fortaleza a meses vista, no será un buen escenario para que la economía europea se consolide en su ritmo de crecimiento e incluso lo mejore. Para economías como la española, muy sensibles a los movimientos del tipo de cambio y al consiguiente impacto en la balanza comercial, la fortaleza del euro puede resultar especialmente dañina y podría contribuir a segar en términos significativos el crecimiento del PIB y la creación de empleo, ahora que ambos presentan la evolución más favorable entre las grandes economías europeas.