La prioridad del empleo y los salarios

Poco se ha avanzado en los dos últimos meses en la búsqueda de una fórmula de compromiso entre los aumentos salariales y el incremento del empleo. Hace casi dos meses  (se cumplen la semana próxima) que el Gobierno lanzó  la sugerencia (vía Fátima Báñez,  ministra de Empleo) de que había llegado la hora de elevar los salarios, una sugerencia acogida con general  aceptación, incluso desde las filas de la patronal, que mostró  la disposición de los empresarios a elevar los salarios más bajos en torno al 2,5%. Pero lo cierto es que desde entonces todo han sido palabras y pocos acuerdos entre las partes implicadas.

Eso sí, el  crecimiento del empleo se mantiene por  fortuna bastante sólido aunque muy apoyado en el sector  servicios, en donde  existen mecanismos de contratación  de bajo perfil, con elevada temporalidad y cualificación por lo general baja.  A estas alturas, el crecimiento del empleo en el sector turístico, que es en el que se ha notado el impulso mayor en los dos  últimos años, podría estar   próximo a agotarse, en buena medida debido a las limitaciones de crecimiento a las que el propio sector debe hacer frente tras varios años de récords consecutivos, hasta niveles de saturación que reclaman una cierta pausa. El crecimiento del empleo   se ve también afectado por  una alta volatilidad, debido precisamente al  carácter cíclico del motor  turístico.

En cualquier caso, en España se necesitan crear dos millones de empleo en un horizonte lo más corto posible, ya que   ese es el desfase existente en la población ocupada respecto al máximo cíclico de hace unos diez años y  además es el  objetivo razonable si el país quiere acercar la tasa de paro a los niveles medios de los países más desarrollados de  Europa, desde luego por debajo de los dos dígitos.

Hasta  qué punto se pueden hacer compatibles estos dos objetivos (aumento de los salarios de forma consistente e incremento del empleo a ritmo cuando menos similar al del PIB, es decir, en torno a un 3% anual) es el debate del momento, cuyos límites están estrechamente relacionados con la necesidad de mantener e incluso mejorar la productividad.  Esta es la base de la competitividad exterior de la economía e incluso de la interior, ya que  una economía menos competitiva acentúa el déficit comercial al estimular las importaciones y merma el potencial exportador.

Hay,  además,  un asunto que se está cruzando estos  días por el entorno macroeconómico, la subida de la cotización del euro en relación con las divisas más importantes del mundo, en especial con el dólar. Es un  mal asunto para  asentar una mejora de la capacidad competitiva de las exportaciones, que son las que contribuyen a dotar a la economía de un mayor grado de solidez en algunos sectores, en especial el industrial, en donde  el empleo tiene rasgos mucho más estables, menos temporales y con mayor capacidad retributiva, ya que el grado de formación en el sector manufacturero exige niveles más elevados que, por lo general, en las actividades de empleo masivo del sector servicios.

En el debate entre salarios y empleo, entre  darle preferencia a los aumentos salariales para impulsar la economía  vía consumo  o  mantener salarios moderados para estimular el empleo  vía mayor competitividad, las variantes son muchas, son variadas según los sectores y difieren incluso, dentro de sectores, entre empresas, ya que no todas pueden alcanzar el mismo grado de remuneración al ser diferentes sus niveles de eficiencia y beneficios.