Las amenazas sobre el otoño económico

Estamos en puertas del inicio de uno de los otoños más  apasionantes e inciertos que ha vivido España en bastantes años. El 11 de septiembre  está convocada la Diada catalana, esa manifestación colectiva de los sentimientos nacionales de Cataluña. El 1 de octubre está previsto el referéndum por la independencia, que el Gobierno  español, el del Estrado, sigue sosteniendo que no se va a desarrollar. En medio,  el 21 de septiembre, es el  día  fronterizo entre el tórrido verano y el incierto otoño. Este otoño dará con seguridad mucho alimento a la historia del país. Es probable una sucesión de desencuentros que dificulten la estabilidad política del país, no sólo en las relaciones entre el Estado y Cataluña sino en la dinámica de los partidos políticos de ámbito estatal, que algo habrán de decir sobre  lo que suceda el primero de octubre.

La pregunta que muchos se harán a estas alturas, y de forma creciente en las próximas semanas, es en qué medida la inestabilidad política y social que se prevé pueda afectar a la indudable progresión de la vida económica, sobre la cual acaban de conocerse cifras aún más brillantes que las hasta ahora conocidas, con una clara proyección al alza en el crecimiento del PIB, por encima del 3%, que el Gobierno oficializará en un plazo no m uy dilatado.

El otoño se presenta caliente no sólo en el previsible choque de trenes con ocasión del referéndum catalán, se vote o no se vote, sino por otros asuntos que han venido a coincidir en el tiempo y que pueden contribuir a enturbiar aún más la situación.  El anuncio de la continuidad de la huelga en el aeropuerto barcelonés de El Prat es una de estas incidencias colaterales, que pueden traer problemas al desenvolvimiento normal de la economía, en un sector tan sensible como el  del transporte aéreo y su impacto en la actividad turística. Por fortuna, la temporada ya  se encuentra en su fase final y a punto de dejar atrás la  etapa  más  productiva, pero siempre será susceptible de causar daños a un sector que ha sido, y lo ha sido de forma especial este año, motor económico del país.

Hay variables económicas que son especialmente sensibles a la inestabilidad que se está incubando en Cataluña. Una de las características de estos impactos es su carácter silencioso y poco visible. Las tomas de decisión de las empresas cuando se trata de paralizar proyectos, llevar a cabo inversiones o sencillamente  no hacerlas, son cuestiones que tienen poca trascendencia aparente a corto plazo pero que se van reflejando en una pérdida de dinamismo económico a medio plazo, con frenazo en la creación de empleo, entre otras cosas. Cuando queremos  aplicar remedios, suele ser demasiado tarde.

Lo cierto es que España va a entrar en el inminente otoño como una de las economías desarrolladas más dinámicas y una de las líderes en Europa en cuanto a crecimiento de la actividad, mejora del empleo y aumento del consumo, la exportación y las inversiones. ¿Sobrevivirá todo ello tras un otoño turbulento, inestable, de confrontación política aguda, de ruptura del modelo territorial y de conflictos laborales que parecen enquistados y de difícil mediación?