Los objetivos energéticos

Tras la aprobación  del cierre definitivo de la central nuclear de Santa María de Garoña, que apenas representaba un 1% de la demanda eléctrica del país, las miradas están ahora puestas en el resto del parque nuclear español, cuyp cierre definitivo puede seguir varias vías diferentes. Uno, cumplir las fecha de  cierre de cada una de las instakaciones. Otra es  anticipar el cierre de alguna de ellas. Una tercera opción es la de incrementar el periodo de vida útil de algunas de estas centrales.

La decisión ni va a ser  exclusivamente técnica (no hay más que ver las posiciones políticas de los partidos que tienen opciones de influir durante los próximos años en las decisiones gubernamentales) ni únicamente política, ya que la anticipación o el alargamiento de las fechas de cierre  de las centrales  va a depender de la evolución  futura de la demanda (es decir, del aumento del PIB, que condiciona y determina la demanda de energía) y del desarrollo de las energías alternativas, todas ellas de tipo renovable, el único tipo de energía que puede aportar soluciones significativas a la cobertura de las necesidades energéticas del país.

En el debate sobre el cierre del parque nuclear en España hay muchas  argumentaciones escritas de antemano,  unas contrarias (las más) otras a favor. Pero a la hora de la verdad es  lógico que se impongan las realidades. Y la realidad parece inevitablemente encaminada a impulsar con fuerza el desarrollo de las energías renovables  para cubrir todas las nuevas necesidades energéticas,  un impulso al que la Comisión Europea ya le ha puesto cifras (no vinculantes) que se traducen en alcanzar el 27% de  energías renovables para el año 2030. Aunque parece un objetivo a largo plazo, la realidad lo hace bastante exigente, de ahí las prisas que ha mostrado el Gobierno actual para sacar nuevos concursos de plantas eólicas y termosolares, principales protagonistas de esta  ruta hacia el objetivo del 27%.

Un objetivo que, no obstante, tiene sus puntos débiles. Quizás el primero y más importante es  el de su carácter no vinculante para los Estados que forman parte de la UE. El otro, las abiertas discrepancias que existen a la hora de fijar ese objetivo del 27% para el año 2030, unas diferencias que posiblemente explican las reticencias europeas para  emitir una directiva de  cumplimiento  vinculante para los Estados. Hay algunos    grupos políticos que exigen un 35% de  energías renovables para el año 2030. Incluso el Parlamento Europeo se ha pronunciado en esta dirección.

Hay grupos más  agresivos en la fijación de los objetivos y hablan del 40%  para dentro de 13 años, un objetivo que se  intuye de imposible cumplimiento ya que incluiría no solo  el cierre de todo el parque nuclear sino  medidas muy enérgicas para reducir la presencia de centrales de fuel y de gas, además por supuesto de las de carbón. Desde luego, todo ello  incluye la negativa a construir centrales nuevas que  utilicen como combustible algunos de estos productos, abiertamente incompatibles con la energía limpia y renovable que preconiza Bruselas y que se está imponiendo, aunque on diferentes grados de entusiasmo, en los países miembros. De momento, España trata de acelerar y recuperar el terreno  perdido   para la más   suave de las hipótesis, la del 27% de energías renovables en el año 2030.  No lo tenemos fácil, aunque solamente en el apartado eléctrico, las renovables ya han alcanzado desde hace unos años la cota del 40%. Pero en el conjunto  de todo el consumo energético, la distancia hasta el objetivo es todavía grande.