El inevitable cierre de Garoña

El cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña, ubicada en Burgos, no será un trauma para el sector eléctrico ni para las necesidades de energía eléctrica en España. Entre otras cosas porque la central no produce kilovatios desde el año 2012.

El Gobierno ha decidido finalmente no dar el permiso para alargar la vida de esta veterana central, lo que hubiera prolongado unos pocos años más su existencia, aunque ya en precario. Garoña es la tercera nuclear española que echa el cierre en los últimos años (José Cabrera y Vandellós I la precedieron). Ni sus propietarios (Iberdrola y Endesa a partes iguales) deseaban mantenerla. El cierre definitivo  deja sin posibilidades de trabajo a unas 400 personas en una zona en la que no existen muchas alternativas de empleo.

La decisión de este cierre entraña las complicaciones propias de desmantelar una instalación sumamente compleja, en la que existen riesgos importantes que obligan a realizar importantes desembolsos en seguridad. Pero desde el punto de vista energético, el cierre de una central nuclear en España tiene, por fortuna, muchas soluciones de recambio, lo que no sucedía en los años en los que esta central y sobre todo  las que le sucedieron (otros seis grupos, con unos 7.000 megavatios de potencia total  instalada, que todavía realizan una importante  aportación a la cobertura de las necesidades eléctricas españolas)  contribuyeron de forma notable a las necesidades energéticas del país.

Desde hace unos pocos años, la cobertura de las nuevas necesidades de energía eléctrica en España se realiza básicamente con las energías renovables y, entre ellas, la  eólica, que ha logrado situarse como  la mayor fuente de aporte eléctrico desde el año 2011. De no ser por el impulso de la energía eólica, España tendría en estos momentos un serio problema de cobertura de sus necesidades energéticas, ya que  tras el inicio de los problemas con la energía nuclear y la fuerte oposición que esta fuente energética ha suscitado en casi todo el mundo, las únicas fuentes  económicamente viables para  producir electricidad  pasaban por la multiplicación de las centrales dependientes del combustible líquido y del gas natural.

La otras  fuentes de energía más tradicionales están por desgracia al límite de sus posibilidades, tanto la  que tiene su origen en el carbón (en este caso, se debería decir que por fortuna, debido a su alto poder contaminante)  como las que se derivan del uso de los pantanos  de utilización eléctrica, una fuente que en España llegó a tener una enorme importancia   pero que con el paso de los años no ha contado con el potencial de crecimiento que  ha desarrollado la economía española,  por lo que  el peso de la producción de origen hidráulico en el conjunto de la electricidad española ha ido en continuo descenso.

En estas condiciones, las energías alternativas son la única fuente posible y realista de  generación de nuevas aportaciones de electricidad que permitan  dar satisfacción al aumento continuado de la demanda. La eólica cuenta con una potencia instalada de más de 23.000 megavatios, lo que ya supone el 22% del total del país. Otras fuentes de energía renovable se están abriendo paso, como la energía  solar, aunque su contribución es aún modesta, apenas un 3% de la demanda eléctrica. Pero el potencial de algunas de las nuevas tecnologías  permitirá en un futuro no muy lejano decir adiós de forma definitiva a las fuentes energéticas que hasta ahora han hecho posible el desarrollo económico mundial, como el carbón, el petróleo y la nuclear. El cierre definitivo de Garoña es un paso más en esta dirección.