En España quiebran los bancos, en Italia se subvencionan

Italia tiene un serio problema en su sector financiero. Tal es la envergadura del mismo que el Consejo de Ministros del país se ha reunido de urgencia este domingo  para tratar  la forma en la que se aborda la crisis de dos entidades financieras venecianas, de manera  que cuando este lunes abran sus puertas, no haya desbandada de dinero y la situación de crisis sea manejable.

Para que sea efectivamente manejable, el Gobierno italiano  ha concedido una ayuda de 5.000 millones de euros al banco Intesa Sanpaolo, el mayor del país, amén de otras ayudas colaterales, que parecen haber sido autorizadas por el Banco Central Europeo,  que comenda el italiano Mario Draghi.  Todo queda en casa.   A los españoles se nos `puede quedar estos días la cara  de tontos de la  historia, ya que el problema que recientemente ha vivido el Banco Popular español era bastante  menos grave que el de los dos bancos italianos ahora  en  situación cercana a la quiebra.

Sabido es que la crisis del banco español la ha resuelto el organismo europeo encargado de afrontar las crisis bancarias de la Eurozona, mediante una sencilla decisión:  los accionistas y bonistas del banco español se han quedado sin un euro y la entidad en crisis ha sido adjudicada por la vía directa al Banco Santander por un euro, con el compromiso de este último de realizar una ampliación de capital de 7.000 millones de euros que el banco  absorbente deberá buscar en los mercados  sin ayuda alguna. Este dinero le debería servir de ayuda para afrontar la crisis del Popular y hacer frente a sus importantes activos dañados.

Poco hay que  rebuscar en el contenido de la solución de ambos casos, el italiano y el español,  para llegar a la conclusión de que nos encontramos ante un caso de manifiesto agravio comparativo, en el que el  Gobierno español ha hecho un papel lamentable, por no hablar del Banco de España, que en toda la crisis del banco español se ha inhibido, con el  argumento de que las entidades europeas de carácter sistémico (es decir, las que  son susceptibles de causar daños de  amplitud considerable, valoración no cuantificada) entran dentro del ámbito de los organismos recién  creados que se ocupan de las crisis bancarias.

Nos encontramos ante un caso bastante claro de  falta de influencia política por parte del Gobierno español  dentro de la Eurozona  además de una  injustificada diferencia en la terapia  por parte de las instancias europeas. Parece indudable que las autoridades italianas se han movido mejor y más rápido, lo que les permitirá arriesgar bastante menos dinero en la solución  de esta doble crisis bancaria.  Una de las diferencias   que subrayan el agravio comparativo en detrimento de España es el hecho de que la solución del problema contará con apoyo financiero del Estado italiano al banco Intesa Sanpaolo (entre 5.000 y 17.000 millones de euros, según la información oficial) mientras en el caso español, el Popular se ha desangrado a ojos vista, ante la  impotencia oficial y sin que las autoridades de Bruselas hayan dado el menor consentimiento para evitar la quiebra de un banco que, a pesar de su crisis, es bastante más modélico en su gestión bancaria, como ha acreditado históricamente, que el promedio de su sector en Europa.

En la práctica, la crisis bancaria italiana se paga con dinero  público, la española (en esta segunda versión) con dinero de los arruinados accionistas y bonistas.  La experiencia del Popular  podría haber servido, en todo caso, de precedente para otras crisis, como se suponía  que iba a suceder. No ha sido así. Las presiones políticas han sido más convincentes que los argumentos económicos y financieros.