Señales de estabilidad en el petróleo

La  prolongación por  nueve meses más (hasta finales de marzo de 2018 desde inicios de julio de 2017) de los recortes de producción en los países de la OPEP más Rusia (acuerdos que excluyen a dos integrantes de la OPEP, a Nigeria y  Libia, por razones políticas)  proporciona un respiro momentáneo a los productores mencionados. El recorte es similar en cuantía  (1,8 millones de barriles diarios)   al que se  adoptó por espacio de seis meses a finales de noviembre pasado y que concluía  con el mes de junio próximo.

La  finalidad radica en  impedir que el crudo baje de los 50 dólares por barril, aunque  la prioridad de los productores de la OPEP y algunos de los países asimilados es  buscar un equilibrio que logre frenar la  producción de crudo por parte de Estados Unidos, que ya ha superado los 9 millones de barriles diarios gracias a las aportaciones de los nuevos productores de petróleo no convencional (shale oil). El  umbral de rentabilidad de los yacimientos  estadounidenses de shale oil se encuentra en  torno a los 40 dólares por barril, por lo que  el logro de este segundo objetivo, impedir que Estados Unidos aumente su cuota de mercado y  logre autoabastecerse de crudo, parece  más bien lejano.

Por si fuera poco, el nuevo Gobierno americano se ha propuesto utilizar sus reservas estratégicas para  reducir en cuantía importante el déficit  público del país. Se ha barajado la posibilidad de reducir los actuales inventarios a la mitad, ya que el aumento de la producción de crudo no convencional ha modificado de forma significativa  el papel  estratégico de las reservas petroleras del país. Estados Unidos podría colocar en el mercado más de 300 millones de barriles de crudo, lo que aumentaría la oferta  en medida suficiente para dificultar los planes de la OPEP y de su aliado ruso de recuperar los precios del petróleo.

La  salida al mercado mundial de estas reservas es una posibilidad que han barajado los expertos de la OPEP, razón por la cual se  ha estudiado  aplicar unos recortes a la producción más  ambiciosos que los finalmente adoptados, que no parecen en condiciones de garantizar ese umbral de precios del petróleo en los 50 dólares por barril con el que sueñan los países productores. Incluso en algunas estimaciones se ha hablado de un petróleo  a 60 dólares, pero se trata más de una fantasía que de una probabilidad, a pesar de que  las economías mundiales están registrando un crecimiento bastante más  generoso que el de hace un año, lo que puede presionar al alza sobre la demanda mundial de crudo.

A la postre, la seguridad de lograr un precio suelo para el petróleo de 50 dólares el barril no parece ni mucho menos garantizada.  Para los países consumidores,  si este acuerdo logra los objetivos de estabilidad de precios en el crudo, el crecimiento de las economías no se verá entorpecido por una súbita  escalada de los precios,  máxime  debido a la enorme diversificación que en estos últimos años se ha ido desarrollando en las grandes economías consumidoras, con el desarrollo y consolidación de nuevas fuentes de energía, sobre todo energías  renovables.  El decidido impulso que están recibido estas nuevas energías está  absorbiendo con creces la nueva necesidad de  energía que se deriva del crecimiento económico, lo que constituye un buen elemento de  freno a la antigua tiranía del petróleo como  energía básica dominante. No obstante, es bueno que el precio del crudo se mantenga bajo pautas de moderación porque, además, ello va a contribuir, en ausencia de un hundimiento de los precios petroleros, a  que las economías de los países productores no se conviertan en fuente de problemas para la economía global.