Draghi apura los plazos

La discrepancia entre el BCE y Alemania está llegando estas últimas semanas a sus límites, lo que puede  suponer un anticipo  de medidas importantes en la Eurozona en el terreno monetario. Es decir, básicamente   podríamos estar ante la próx8ima interrupción de la política de tipos cero y amplias facilidades de liquidez y compras de activos, con la que Mario Draghi, máximo responsable del BCE, ha venido marcando el terreno desde hace más de dos años. Una política que estaba prevista para alcanzar el final de este año pero que cada vez aparece con el  final más cercano.

Este miércoles, Draghi ha expuesto en Madrid, en una intervención pública, su determinación de seguir adelante con la estrategia monetaria de amplias facilidades en materia de liquidez y bajísimos tipos de interés, que se complementan con compras masivas de activos  con los que el BCE ha colocado su balance  del banco central al límite de sus  capacidades. Como una de las  finalidades más visibles de esta política monetaria era lograr sacar a Europa de la deflación y promover una subida de los precios  hasta niveles del 2%, y este nivel ya se ha alcanzado en algunas economías importantes de la Eurozona (en España incluso se ha superado, quizás  transitoriamente), los alemanes están poniendo el grito en el cielo porque siempre han sido, y pretenden seguir siéndolo, los  guardianes que velan por el equilibrio y la baja inflación. La ortodoxia, en suma.

La delicada balanza  en la que se mueven los tipos de interés obligará al BCE a replantearse pronto  la continuidad de una política que ha dado buenos resultados hasta ahora pero que empieza a trasladar efectos negativos para la estabilidad de los bancos. Estados Unidos ya  dio por cerrada su etapa de estímulos y ahora los dos bancos centrales de ambas zonas (la Reserva Federal americana y el BCE europeo) están caminando en direcciones opuestas, lo que no parece  que pueda resultar sostenible durante mucho tiempo.

Las presiones alemanas para dar por cerrada la etapa expansiva del BCE de estos años se unen además a las presiones de los propios bancos privados, que con los tipos de interés   a cero o incluso en negativo tienen serias dificultades para cuadrar sus cuentas y  mantener su estabilidad en la cuenta de resultados. Esta política tan  complaciente con la liquidez y con los tipos de interés puede crear serios problemas al sector y lo que se trataba de arreglar puede terminar por convertirse en un serio quebradero de cabeza.

Los alemanes, con el poderoso Bundesbank a la cabeza, y el  también  poderoso lobby  bancario europeo están  uniendo sus  fuerzas para hacerle cambiar de dirección a Mario  Draghi, ahora que sus políticas han logrado el éxito de recuperar la inflación y estimular el crédito, dando alas al crecimiento económico.  Pero prolongar este estado de cosas puede ser contraproducente y poner en posición  dificultosa a algunas entidades financieras, por mucho que, siguiendo los consejos del propio BCE, los bancos estén realizando importantes ajustes en  gastos, oficinas y personal.  Esta lucha por el abaratamiento de los costes de funcionamiento parece estar llegando también  a sus límites.