España acelera

Los datos de crecimiento del PIB durante el primer trimestre del año, un 0,8%, han sorprendido a casi todo el mundo por su vitalidad. Este crecimiento supone una aceleración respecto a fases anteriores. La previsión de aumento en el conjunto del año acaba de ser revisada al alza, pero tras los datos de estos días se habla ya tasas de aumento del 3%, cuando en el punto de partida se consideraba un buen dato el crecimiento del 2,5%, que el Gobierno ha revisado estos días hacia el 2,6%. A medida que pasan las semanas y llegan nuevos indicadores, las revisiones se van imponiendo al alza.

El PIB ya está a un paso de recuperar todo lo perdido durante la larga crisis iniciada en el año 2008, aunque en algunas variables, como la exportación, las cifras son ya mejores que las de entonces. Entre los indicadores que no soportan esa afirmación está el más importante, el nivel de empleo, aunque su senda resulte creciente y en cualquier caso prometedora. Pero conviene no olvidar que la tasa de paro española es el doble que la europea y que las últimas previsiones oficiales alargan hasta dentro de tres años, en el ejercicio de 2020, la posible reducción del paro hasta el 11% de la población activa, todavía por encima del nivel que ya presenta en la actualidad el conjunto de la Eurozona.

La economía, por lo tanto, marcha a buen ritmo, mejor del esperado, con un efecto positivo derivado de la consolidación del crecimiento en la zona euro, que también registra niveles superiores a los previstos. Se está constatando en nuestro caso un buen crecimiento del consumo interno a pesar del repunte de los precios, pero apoyado sobre todo en el crecimiento del empleo.

Casi la mitad del empleo creado en la Eurozona durante los doce últimos meses es español, lo que explica que España se haya convertido en el líder indiscutido del crecimiento europeo, a pesar de las buenas cifras que están mostrando algunos países como Alemania. Sólo Italia desentona y se ha convertido en el enfermo europeo por excelencia, con una endeblez macroeconómica considerable y un sector financiero muy problemático. Pero fuera de Italia y de la sempiterna Grecia, cuyo tamaño tampoco tiene impacto relevante en el conjunto de la zona, los países europeos están recuperando terreno a pesar de la incertidumbre política que todavía está pendiente de dilucidar en Francia, a la espera del resultado final de las presidenciales.

Si en Europa las cosas van mejor de lo esperado, ese es uno de los motivos que explica el tirón económico español, sobre todo debido al auge turístico (que en el primer cuatrimestre ha crecido nada menos que en un 9%, a pesar del nivel récord en el que está instalado desde hace año y medio) y a la fortaleza de las exportaciones. La competitividad española ha mejorado en los dos últimos años gracias, por mucho que se critique, a la reforma laboral, cuya reversión podría resultar altamente perjudicial para la continuidad del crecimiento de la economía en esta vertiente tan básica para el crecimiento como es la exportación.