La pobreza relativa baja pero es elevada

En España hay cada vez menos pobres, pero todavía son muchos. Es una buena noticia y que, según parece, evoluciona de forma progresiva hacia los niveles ya olvidados de hace unos cuantos años, antes del inicio de la crisis. Aquella crisis fue, no obstante, el resultado del estallido en el año 2008 de una burbuja que en el caso español tuvo mucho de fenómeno inmobiliario.

La última estadística del INE, conocida este martes, corresponde al año 2015 y habla todavía de 2,6 millones de personas con alguna carencia material importante. De las nueve señales que se consideran críticas para determinar el nivel de pobreza relativa, un 5,8% de la población española tiene insuficiencia clara en cuatro de ellas. Este porcentaje de la población había alcanzado el 7,1% en el año 2013, uno de los peores momentos de la historia reciente. Pero había estado en el 3,6% en el año de inicio de la gran depresión. Es decir, que los esfuerzos económicos por sacar al país de la crisis y sobre todo para mejorar las condiciones de vida de los españoles han sido todavía insuficientes para redimir de la precariedad a una parte muy importante de la población española, casi el doble de quienes lo padecían en el año 2008.

La importancia y el alcance de las cifras ponen de relieve que el grado de malestar social es todavía grande en España y está justificado para una importante proporción de la población. Hay dos posibles fórmulas o mecanismos para reducir el problema, o quizás tres, ya que una tercera consistiría en combinar dos de ellas. La primera es reforzar la política redistributiva, con más impuestos a un sector de la población (mayoritario) y más subsidios a los afectados por la pobreza relativa. En los últimos tiempos se ha barajado una fórmula que apela a la creación de una renta básica, pero se trata más de un atajo con muchos inconvenientes que una idea brillante y realista, entre otras cosas por su difícil aplicación. Los primeros cálculos que se han hecho sobre la puesta en marcha de esta renta solidaria ponen de relieve su carácter difícil de asumir desde el punto de vista financiero, ya que lastraría el funcionamiento de la economía y podría llegar a crear más problemas de los que trata de resolver. En todo caso, siempre se puede hablar de una vía suavizada.

La segunda fórmula tiene menos misterio, ya que consiste en acelerar el crecimiento del empleo mediante una política económica más expansiva. Es lo que en alguna medida se está aplicando en la actualidad, ya que la mejora del empleo ha sido el factor que ha facilitado el logro de los avances registrados en reducción de los niveles de pobreza. El principal problema es que no se está consiguiendo con la rapidez e intensidad deseables, como muestran las cifras de la foto final del estado de cosas en la situación social, todavía muy altas en niveles de precariedad.

Las cifras que ha facilitado este martes el INE tienen, no obstante, la valoración positiva que cabe deducir del momento al que corresponden los últimos datos, el año 2015, mientras que en el año siguiente, el de 2016, la reducción de los niveles de pobreza ha debido quedar reflejada ya en mejoras adicionales importantes, que a buen seguro se estarán repitiendo durante el año 2017. La “foto” social, por lo tanto, ha mejorado bastante, pero siguen existiendo muchos sectores de la población que no llegan a entrar en la zona de bonanza económica. Y además ello se refleja, de forma especialmente dramática, en la población joven y en algunas zonas de la geografía española, ya que el mapa de la pobreza relativa en el país muestra importantes desfases.