La UE gana coherencia con Macron

El lunes 22 de junio del año 2015, el Ibex 35 subió un 3,87%, su mayor subida en tres años. Los bancos fueron los responsables principales de una subida cuya motivación estaba apoyada en el optimismo que había generado en el conjunto de la UE la casi seguridad de un acuerdo definitivo entre la Eurozona y Grecia. Esta lunes 24 de abril, caso dos años más tarde, la clave europeísta ha vuelto a dar alas a los mercados, en medio de la euforia de los inversores y de la fuerza motriz de los bancos. Europa ha ganado un nuevo asalto y la mayor parte de los afectados, cobre todo las fuerzas del dinero, lo celebra.

Estamos, no obstante, a catorce días del examen final ya que las elecciones presidenciales del vecino país no han hecho más que cubrir su primer expediente. Pero el candidato centrista Macron, una especie de mezcla de Rajoy y Rivera en versión francesa, tiene casi totas las papeletas para sentarse en el Eliseo dentro de unos días. Todos contra Le Pen, lo digan de forma explícita o lo insinúen, debería permitir al ex colaborador de Hollande presidir los destinos de Francia durante el próximo quinquenio.

Con Macron, los mercados se sienten aliviados, no sólo porque su llegada supone ahuyentar una nueva experiencia traumática de abandonar el euro por parte de uno de sus países principales (en este caso, uno de sus fundadores básicos) sino porque su programa ha generado expectativas muy positivas. En Bruselas están rozando la euforia. Macron es un liberal, según su confesión programada y de acuerdo con las medidas que ha puesto en circulación para devolver el dinamismo a la economía francesa. Un programa en el que se incluyen medidas de reforzamiento del Estado social pero también un adelgazamiento de la Administración Pública, una flexibilización de la rígida normativa laboral francesa y programas de inversiones públicas, con el añadido de recortes de impuestos.

La victoria de Macron suaviza el rigor de algunas de las políticas socialistas de los últimos años, medidas que no eran bien vistas por el empresariado ni por los tecnócratas de Bruselas. Muchos expertos censuraban el inmovilismo de los socialistas en el poder durante estos últimos años. De hecho, la derrota del Partido Socialista francés en esta primera fase de las elecciones presidenciales ha sido abrumadora. Hollande no ha dejado muchos partidarios.

La clase media francesa está muy descontenta con el balance económico de estos últimos años, en los que no sólo se han incumplido los objetivos de estabilidad sino que se ha condenado a la economía a una paralización que tiene a Francia en uno de los puestos más modestos de crecimiento económico. El mensaje liberal parece haber calado en algunos sectores de la sociedad con bastante fuerza, lo que queda en evidencia al constatar que un candidato con escasa trayectoria ha logrado hacerse un hueco rápido y preferente en las candidaturas a la Presidencia de la República. Esta es al menos la lectura que los inversores y los medios económicos han sacado de la victoria de Macron, con el añadido de que la convergencia entre las políticas económicas de Alemania y Francia (en el supuesto de que la señora Merkel revalide su mandato dentro de unos pocos meses) pueden reforzar el rumbo de la Unión Europea en un momento especialmente delicado, con la salida de Gran Bretaña.