Vida y muerte de los fondos soberanos

España está a punto de asistir al entierro del Fondo de Reserva de las Pensiones, un instrumento creado en el año 2000 para garantizar en la medida de lo posible la sostenibilidad del sistema de pensiones público. El invento no fue exactamente pionero en el mundo, pero sí fue uno de los primeros fondos soberanos cuando esta tipo de mecanismos – hoy muy extendido – daba sus primeros pasos.

El fondo español llegó a acumular unos 66.000 millones de euros en el año 2011. Prácticamente todo el dinero estaba invertido en deuda pública de países europeos, con una presencia importante de la propia deuda española. Un año más tarde, el Gobierno decidió echar mano de estos recursos acumulados para poder pagar las pensiones de la Seguridad Social. Siete años después, en marzo de 2017, el Fondo está prácticamente al final de su vida útil, cerca de agotar sus recursos, con un saldo de apenas de 15.000 millones de euros. No obstante, la diferencia entre el Fondo actual y el de estos últimos años es que el de ahora sólo invierte en Deuda Pública española y que una parte de los activos se contrató ya con tipos de interés negativos, es decir, que no rinden nada sino que cuestan dinero.

El historial del Fondo en materia financiera no fue malo en el pasado, ya que este ahorro acumulado llegó a suministrar unas rentas de 28.800 millones de euros, es decir, dinero suficiente para pagar el déficit anual de la Seguridad Social este año durante dos ejercicios. Su rentabilidad anual no ha sido mala, ya que históricamente ha superado el 4%. Pero podría haber sido mejor si su gestión hubiera estado orientada hacia otros activos más interesantes que la renta fija.

Eso es precisamente lo que hicieron los fondos soberanos de la mayor parte de los países que cuentan con estos instrumentos, unos 90 en la actualidad. Estos fondos soberanos han crecido como setas en los años de crisis, justo lo contrario de lo que ha sucedido con el fondo público español. Durante los años en los que el Fondo de Reserva español se evaporaba, los fondos soberanos de los países más volcados en este tipo de instrumento han multiplicado por tres sus recursos. El mayor fondo soberano del mundo, el de Noruega, ya ha rebasado la barrera de los 900.000 millones de dólares, es decir, carca del equivalente al 100% del PIB español o del conjunto de la Deuda Pública española.

Hay siete fondos soberanos con más de 200.000 millones de dólares en su cartera de inversiones, lo que era impensable hace diez años, cuando los fondos soberanos estaban en embrión y sólo algunos países árabes productores de petróleo acumulaban los excedentes de sus ingresos petroleros para garantizar la renta de las generaciones futuras. Uno de los casos más sonados, anterior a la crisis financiera, fue el fondo KIO, de Kuwait, que protagonizó una sonora quiebra, en parte por sus calamitosas inversiones en España. Pero los fondos soberanos se han convertido en el principal agente inversor del mundo en la actualidad, con carteras de inversión muy diversificadas y no sólo con inversiones en renta fija sino en compañías cotizadas en Bolsa, lo que les ha llevado a ocupar destacadas posiciones en los órganos de dirección de algunas compañías multinacionales importantes. China es uno de los grandes inversores que cuentan con estos instrumentos, aunque el mayor del mundo sigue siendo el de Noruega. Entre los grandes, el mundo árabe aporta también algunos potentes instrumentos de inversión, incluyendo el último gran fondo que ha lanzado Arabia Saudí en colaboración con algunos grandes inversores occidentales para tomar posiciones en el mundo de las nuevas tecnologías