Círculo virtuoso en la economía

El consumo se ha convertido en el motor principal del crecimiento económico, un hecho que en sí mismo puede tener mucho de positivo, pero que encierra algunos peligros. Uno de ello es el freno al ahorro. Los tiempos que corren, con el déficit de la Seguridad Social en máximos históricos y con el sistema de pensiones más pendiente de un hilo que nunca antes en su historia, no son los más apropiados para vivir de espaldas al ahorro, a la acumulación de una parte de la renta para afrontar con mejores garantías el futuro.

Las últimas estadísticas de renta y ahorro facilitadas por el Banco de España van con cierto retraso y pertenecen al cierre del año 2016, con cifras del último trimestre del pasado año. Para ese periodo de tiempo, la riqueza financiera de los españoles había presentado un ligero aumento, del 1,3% respecto al último trimestre del año anterior. No es un mal dato aunque podría ser mayor en función del incremento de la renta. La riqueza financiera (es decir, la diferencia entre lo que tienen las familias y lo que deben) aumentó en el último trimestre del año pasado gracias sobre todo a una reducción de la deuda de las familias, que había aumentado de forma muy considerable en los años de la crisis.

Las malas experiencias que ha provocado el endeudamiento excesivo en muchas familias españolas les ha impulsado a recortar al máximo de lo posible su deuda en cuanto el nivel de ingresos lo ha permitido, de ahí que el motor del consumo haya tenido un impacto menos expansivo de lo que hubiera sido posible.

En estos primeros meses del año 2017, las estimaciones apuntan hacia una mejora algo más acelerado tanto de los gastos de consumo como de la riqueza financiera neta. Esta última depende de numerosos factores, uno de los cuales es la valoración de los mercados, es decir, lo que valen los activos tanto en los mercados abiertos (como la Bolsa o los mercados de bonos) como en mercados más restringidos, como es el caso del mercado inmobiliario, también en clara proyección alcista.

Estos factores están empujando al alza la disponibilidad de recursos por parte de las familias. Las épocas de bonanza bursátil suelen coincidir con una expansión más acelerada del consumo (sobre todo bienes de consumo duradero, como el automóvil, que suele convertirse en un excelente barómetro del estado de la economía) porque el optimismo de los consumidores se acelera. El traslado de este optimismo a las decisiones de gasto genera mayor actividad económica, mayor nivel de empleo y a su vez más gastos de consumo al aumentar los ciudadanos con capacidad renovada de gasto. Es una especie de círculo virtuoso que tiende a mejorar las previsiones económicas, como hemos estado viendo en las últimas semanas.

Las primeras previsiones apuntaban hacia un aumento del PIB este año del 2,5%, pero esa cifra ya le parece modesta a muchos analistas, que no se han quedado quietos y han ido subiendo la apuesta para el PIB de este año, que algunos ya se atreven a situar en torno al 3% de crecimiento. Quizás sea prematuro, pero el inicial 2,5% de previsión está ya rebasado en casi todas las previsiones que manejan los expertos.