Difícil equilibrio para el petróleo

Estamos asistiendo en el mercado petrolífero mundial a un forcejeo entre los grandes productores para ver la forma en la que el precio del producto básico por antonomasia se ajusta mejor a las necesidades de cada cual. Es decir, al alza, en beneficio de los productores, y a la baja (o cuando menos estable) en el caso de los consumidores.

Uno de los principales participantes, realmente el más importante de todos, Estados Unidos, está jugando un papel esencial en la determinación de este equilibrio ya que su producción es creciente gracias a las nuevas tecnologías de extracción de petróleo (el fracking, método de extracción secundaria que está dando muy buenos resultados al sector petrolero americano) y su balanza exterior ha cambiado de forma radical desde mediados del año pasado, momento en el que Estados Unidos ha comenzado a exportar crudo y derivados que ya producía en demasía respecto a sus necesidades, cubiertas en parte con importaciones pero sobre todo con producción propia.

El incremento en la producción de crudo durante los últimos años en Estados Unidos ha sido espectacular, más del 70%. En medida también importante, este aumento de la producción y por lo tanto de la cobertura de sus necesidades energéticas se ha traducido en un descenso gradual de las importaciones, lo que ha afectado en especial a México y a Venezuela, debido a las calidades del crudo de estos dos países, mucho más pesado y por lo tanto costoso de refinar que el de otros países, sobre todo árabes.

La creciente desconexión del mercado estadounidense de las corrientes mundiales de petróleo (recortando sus importaciones de forma importante) ha sido uno de los motivos por los que el precio del petróleo en los mercados mundiales ha descendido en los últimos dos años, si bien un descenso muy acusado perjudicaría también a Estados Unidos, ya que los costes de extracción de petróleo por la nueva tecnología de rotura hidráulica son bastante más elevados que los costes de producción de petróleo convencional, si bien los costes difieren mucho entre países y cuencas productivas. Lo cierto es que a los nuevos fabricantes estadounidenses no les conviene en demasía un abaratamiento de crudo, ya que provocaría la inviabilidad de muchas explotaciones petroleras en este país.

El equilibrio, por lo tanto, es delicado. La demanda global de petróleo está aumentando, aunque no de forma disparada. En las últimas semanas, los productores agrupados en la OPEP y algún país productor importante, como Rusia, han tratado de reforzar sus acuerdos de hace unos meses orientados a reducir más su producción y con ello reforzar el precio final. Pero la realidad del mercado no lo está poniendo fácil, los precios siguen mostrando debilidad a pesar de la buena demanda global y el papel distorsionador de Estados Unidos no deja de causar problemas, incluso admitiendo que sus productores desean mantener un precio del petróleo aceptable para la viabilidad de sus explotaciones. La nueva política energética que parece estar decidido a impulsar el nuevo Gobierno estadounidense es más permisiva con las nuevas explotaciones, lo que induce a pensar que la política de autoabastecimiento energético se va a reforzar para impedir que Estados Unidos pueda ser objeto de presiones desde el exterior.