Los bancos con el BCE en la sombra

Una de las preguntas que se formulan los banqueros en estas últimas semanas es cuánto tiempo aguantará el Banco Central Europeo (BCE) sin subir los tipos de interés. De momento, en la última adjudicación de liquidez al 0% y a 4 años de plazo, los préstamos superaron los 233.000 millones de euros, una adjudicación con pocos precedentes por la cuantía, ya que solamente una vez se ha superado esta cifra. Con esta inyección de crédito barato, los bancos reciben un encargo explícito de la autoridad monetaria europea para que se decidan a prestar dinero a la economía real, ahora que hay demanda y que esta es bastante más solvente que hace unos meses. Puede ser el último gesto, más que un gesto, en vísperas de un cambio de rumbo.

El BCE no puede seguir repitiendo este tipo de iniciativas con la frecuencia que algunos desearían mientras la Reserva Federal americana ya ha puesto en marcha el motor de los tipos en alza. El BCE ha dicho que seguirá con su actual política de tipos bajos como estaba previsto, hasta finales del año 2017. Pero los mercados pueden poner a prueba esta pretensión. Las inversiones en la zona euro se pueden resentir ante el creciente atractivo de los mercados estadounidenses, sobre todo si la Fed cumple lo que últimamente se está barruntando en algunos de los bancos que integran la Reserva Federal. En concreto, una aceleración de las subidas de tipos de forma que se puede llegar a finales de año con un diferencial de tipos de interés entre EE.UU. y la Eurozona que resultaría posiblemente insoportable para el euro.

La evolución monetaria va a resultar, en todo caso, exigente para los bancos de la zona euro. El sector bancario en Europa dista mucho de ser un oasis de estabilidad y calidad financiera. Italia y Portugal tienen serios problemas en sus respectivos sistemas bancarios y no está claro que puedan salir adelante sin el apoyo institucional del BCE. Portugal tiene el posible apoyo español mediante operaciones de consolidación supranacional (es decir, compra de bancos portugueses por parte de entidades españolas), pero esta vía, que en parte ya se ha estado llevando a cabo, encuentra dificultades y reticencias en el vecino país. Por otro lado, Alemania tampoco tiene los pies bien asentados en el suelo en cuanto a solidez de sus entidades bancarias.

La consolidación del sector a escala europea está, por lo tanto, algo lejos de haber cubierto las etapas necesarias o, cuando menos, las que agotarían la casuística posible y deseable, a juicio de la autoridad monetaria europea. La precariedad de los márgenes bancarios, con tipos que apenas dejan márgenes para la generación de beneficios, sigue invitando a las fusiones, aunque no acaban de cristalizar las operaciones que algunos pronostican y muchos esperan.

En España hay varias operaciones potenciales pendientes que sería buenos se aceleraran. Estos días se ha dado por encarrilada la futura fusión de Bankia con BMN (la operación más fácil de todas dado que ambas entidades cuentan con un accionista mayoritario común, el Estado) mientras Unicaja anuncia su propósito de acelerar su salida a Bolsa. Por otro lado, Ibercaja y Kutxabank parecen dos piezas pendientes de encaje que no será fácil que subsistan aisladas y en solitario. La hoja de ruta está, por lo tanto, pendiente todavía de bastantes flecos y posiblemente el año 2017 será la última oportunidad para que todo encaje.