El inquietante déficit de la Seguridad Social

El déficit de la Seguridad Social batió registros históricos durante el año que acaba de concluir. Es lo que dicen las cifras provisionales adelantadas esta semana por la ministra del ramo, Fátima Báñez. En cifras absolutas estamos hablando de más de 18.000 millones de euros, lo que equivale al 1,7% del PIB. Es un agujero impresionante que tiene muchas derivaciones, algunas inquietantes.

La primera es el mero hecho de que se haya alcanzado un déficit histórico precisamente el año en el que se ha aumentado la recaudación por encima del 3%, un crecimiento realmente meritorio. Las previsiones para este año permiten incluso esperar una aceleración de la subida de los ingresos debido a la fuerte subida del empleo en ambos años, aunque este aumento de la recaudación queda recortado debido a las numerosas medidas de apoyo al empleo que conllevan reducciones de las cotizaciones sociales efectivas. Las intensas subvenciones a la creación de empleo en estos últimos años han limitado de forma notoria el impacto recaudatorio de la mejora de la ocupación.

Una segunda valoración de las cifras pone de relieve la lejanía con la que cabe contemplar el deseable equilibrio del sistema. Los ingresos están creciendo ciertamente, pero deberán seguir esta línea ascendente de forma continuada en los próximos años mientras el rumbo alcista de los gastos no está claro que vaya a atemperarse. Los pagos mensuales de la Seguridad Social a los beneficiarios del sistema crecen sin cesar debido a los mayores importes de las prestaciones nuevas que se van contabilizando en el sistema ya que los nuevos jubilados han generado derechos muy superiores a los históricos a causa de la evolución alcista de los salarios a lo largo de los años.

En las últimas semanas se han difundido algunas previsiones sobre el futuro de la Seguridad Social y hay bastantes discrepancias entre unas y otras conclusiones, desde quienes dicen que la actual evolución del sistema permitirá, con el ritmo actual de creación de empleo, lograr en unos poco años, antes del año 2021, el equilibrio, hasta quienes creen que será preciso crear en torno a 700.000 nuevos empleos anuales para equilibrar las cuentas del sistema al cabo de doce años. Esta cifra de empleo necesario cada año equivale casi al doble del crecimiento alcanzado en estos dos últimos años, que han sido los mejores de la historia reciente. Por lo tanto, si hemos de creer estas últimas previsiones, las expectativas de equilibrio del sistema de la Seguridad Social son más bien inalcanzables.

La tercera cuestión a la que se enfrenta la Seguridad Social es la de financiar este déficit que previsiblemente nos acompañará en unos cuantos años. Para pagar las pensiones haría falta buscar recursos financieros alternativos al Fondo de Reserva de las Pensiones, que está en fase terminal. El Gobierno pretende dejar de utilizar este Fondo en los próximos meses, entre otras cosas porque la escasa cuantía a la que está llegando exige, por razones legales, dejar de echar mano de sus recursos para pagar las pensiones. Además, no hay más dinero para mantener extracciones anuales, como en estos últimos años, del entorno a los 15.000 millones de euros. La fórmula que se ha presentado como alternativa es la emisión de más Deuda Pública. ¿Tiene lógica pedir dinero prestado a todo el mundo, sobre todo a los inversores exteriores, para pagar las prestaciones de la Seguridad Social, incluso con el coste del dinero en sus mínimos históricos? Habrá que preguntárselo a los inversores pero la respuesta ya se puede suponer.