Trump, con el Dow en máximos

A medida que las bravatas de Donald Trump se van convirtiendo en leyes, en decretos y en medidas concretas, el nuevo Presidente de Estados Unidos va recogiendo dosis de credibilidad entre los sectores económicos y las empresas dominantes en las primeras economías del mundo. El Dow Jones ha batido este miércoles máximos históricos al superar por primera vez en sus 120 años de historia la barrera de los 20.000 puntos.

La calidad técnica del índice Dow Jones siempre es objeto de reticencias y críticas por parte de los analistas, pero a la postre es un índice que anticipa tendencias con mayor fidelidad que los otros dos grandes indicadores de la Bolsa neoyorquina, más depurados, más modernos y más comprensivos de la realidad actualizada, el S&P y el Nasdaq. Ambos, por cierto, rozan también estos días los máximos históricos, como el centenario Dow Jones, que se les ha adelantado una vez más.

Qué tiene Trump que encandila a los empresarios y a los inversores, cada vez en mayor número, es algo que puede encontrarse en los titulares de los periódicos. Pero los directivos de las multinacionales no toman decisiones a la ligera leyendo las portadas de los diarios. Además, si Trump está aumentando su credibilidad para el mundo de la economía y de la empresa estadounidense, parece claro que los agentes económicos han dejado de lado valorar algunos de los principales riesgos que este pintoresco personaje trae bajo el brazo, como el riesgo del proteccionismo, el repliegue de la industria dentro de las fronteras del país, la pérdida de influencia en Asia que podría derivarse de su salida del Tratado TPP y la abierta enemistad que está alimentando frente a países vecinos, como México. Todo esto parece contar poco para sostienen la imagen del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Está claro que las buenas sensaciones que aporta Trump a la economía del país y que tan bien han valorado los hombres que dirigen la economía y las empresas del país tiene mucho que ver con las promesas de rebajas sustanciosas de impuestos, abandono de una amplia batería de medidas regulatorias o la promesa de masivas inversiones en infraestructuras. Este trípode sustenta en principio la nueva estrategia económica del nuevo Presidente, aunque los inversores no apuestan sólo tras leer tan prometedores enunciados sino porque tienen cada m vez más confianza en que Trump va a cumplir sus promesas. Que está pasando del candidato con promesas al presidente con mando en plaza.

La decidida actitud que ha mostrado para tender dos importantes oleoductos, muy contestados por amplios sectores de la población, muestra que Trump dispara rápido y a veces casi sin avisar. Estas son medidas de alto riesgo, sobre todo político, y el nuevo Presidente no ha dudado en abordarlas con rapidez y sin matices ni negociaciones, terrenos propicios a veces a las componendas y a las soluciones a medias. El estilo Trump es distinto, tiene pocos matices y parece gustar a amplios sectores de la sociedad americana y sobre todo a los poderes fácticos del país. Ya no hay sólo balas de fogueo. En todo caso, estamos dentro del periodo de los 100 primeros días. Quizás la realidad empiece a moderar algo sus categóricas propuestas.