Vísperas de cambio monetario

El Banco Central Europeo (BCE) afronta hoy una nueva sesión decisoria en la que podría ofrecer algunas pistas a los agentes económicos y a los mercados, una vez que ha quedado más o menos clara, tras la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, la aceleración en las subidas de tipos de aquel país. La Reserva Federal americana está cerca de tomar una decisión en su próxima reunión los días 13 y 14 de este mes, es decir, la semana próxima. Será la primera reunión del banco central estadounidense tras la victoria del nuevo presidente en las urnas. La anterior reunión se celebró pocos días antes de las elecciones, cuando la victoria de Trump era una hipótesis poco probable.

Ahora, su mandato como presidente de la nación está a punto de arrancar, apenas mes y medio por delante. Las medidas económicas que adoptará el político republicano no están muy claras, aunque existen ciertas seguridades sobre la tendencia. Se da por descontado que sus políticas van a empujar al alza los tipos de interés y la Reserva Federal, aunque goza de autonomía en la toma de decisiones, está preparada desde hace meses para iniciar la senda alcista de los tipos de interés oficiales. Por lo tanto, el ciclo monetario en Estados Unidos está en trance de tomar la senda restrictiva tras varios años de estímulos monetarios, interrumpidos hace ahora justamente un año. El período de doce meses transcurrido ha sido una especie de compás de espera, que está a punto de concluir.

En el lado opuesto, el BCE está en plena fase de política monetaria expansiva y casi nadie espera que esta situación vaya a modificarse en el inmediato futuro. La reunión que el BCE celebra este jueves es la primera tras la victoria electoral de Trump y la primera que se enfrenta a un escenario mundial claramente distinto al que estaba vigente hasta ahora. ¿Cuánto tardará el BCE en poner freno a su política monetaria expansiva, con bajos tipos de interés y fuertes inyecciones de dinero a las economías de la zona? Na<da parece indicar que vaya a hacerlo en un plazo inferior a un año, pero en todo caso parece una decisión cantada y bastante probable.

A partir de ese momento, con un nuevo escenario monetario, las facilidades de que están disfrutando algunas economías occidentales van a verse sometidas a duras pruebas. Economías como la española, en donde el endeudamiento público equivale al PIB, tendrán que hacer importantes ajustes para eludir la insolvencia.

Las actuales condiciones financieras altamente favorables quedan de manifiesto en colocaciones de Deuda Pública como la que este miércoles ha desarrollado el Tesoro, emitiendo Letras a seis y a doce meses a tipos negativos, una situación que se viene prolongando desde hace un año pero que en un entorno de tipos de interés al alza, como el que se supone que adoptará el BCE en algún momento dentro del año 2017 o quizás en el año 2018, no será posible. El final de los tipos de interés bajos para la Deuda Pública y por supuesto la desaparición de los tipos negativos en una parte de la financiación, la de más corto plazo, van a incrementar el coste financiero del Estado y del conjunto de los entes públicos y privados. Esa será posiblemente la principal prueba de fuego para la fase de crecimiento de la economía española. Superar una situación de tipos de interés al alza va a exigir importantes ajustes presupuestarios, que sería deseable empezar a aplicar antes de que las condiciones del mercado cambien.