Riesgos para la economía

El arranque de la nueva etapa con Rajoy al frente del Gobierno ha comenzado con buenas noticias económicas, aunque el Instituto Nacional de Estadística (INE) no ha hecho más que confirmar, el pasado viernes, lo que ya habían adelantado varios analistas del sector privado, un crecimiento del PIB del 3,2% en términos anuales durante el tercer trimestre del año.

La cifra es, no obstante, la más modesta desde hace cinco trimestres, ya que en los cuatro trimestres anteriores, el PIB había presentado tasas anuales entre el 3,4% y el 3,6%. Hay, por lo tanto, una ligera desaceleración que los expertos achacan sobre todo a la debilidad de la economía internacional. Las economías más fuertes de la zona euro registraron en este tercer trimestre unos avances más modestos que en la primera parte del año, con Italia incluso en tasas negativas.

La economía española, por lo tanto, se ha apoyado básicamente en la expansión de la demanda interna y la inversión privada. De la pública se han tenido pocas noticias en estos últimos meses, reflejo de un país que ha estado durante casi un año con un Gobierno en funciones y, por lo tanto, con una capacidad limitada tanto en la Administración Central como en los entes autonómicos para sacar adelante los proyectos de inversión pública que el país necesita. Es de esperar que con la puesta en marcha de un Gobierno más operativo que el existente hasta la fecha, algunas de las inversiones públicas que estaban en la cartera del anterior Gobierno cuenten con el apoyo suficiente como para ser movilizadas.

En todo caso, la principal vertiente que debería movilizarse en la economía española en los próximos meses si se trata de mantener tasas de crecimiento por encima del 3% anual, está tanto en manos del país pero también de los principales socios internacionales. En el plano interno, las reformas que demandan y sugieren numerosos organismos internacionales no podrán ser objeto de oídos sordos por parte de los principales partidos políticos españoles, que tendrán que afrontar importantes acuerdos en materias económicas para darle más combustible al crecimiento del país. En el plano exterior, la capacidad competitiva tendrá que ser sometida también a prueba. Las exportaciones españolas han presentado avances bastante discretos en los dos últimos años y se observa incluso una tendencia ligeramente decreciente, resultado tanto de la caída del dinamismo económico en algunos de los países de nuestro entorno, que son nuestros principales clientes, como de la insuficiente competitividad de las exportaciones españolas.

En el horizonte a medio plazo, incluso de forma más inmediata, la economía española puede ser una de las más afectadas, si no la que más, por las consecuencias negativas de la salida británica de la UE, sobre todo si esta ruptura se produce de forma abrupta y no suficientemente negociada y gradual, como tratan de defender los ingleses. España está considera por los expertos como la economía más vulnerable de la UE ante un desencuentro poco amistoso entre la UE y Gran Bretaña, dada la naturaleza de las relaciones comerciales entre los dos países y los fuertes lazos que tienen al turismo como principal vehículo de transmisión de una relación bastante estrecha entre los dos países.