Los puntos débiles del empleo

La tasa de paro en España ha bajado por primera vez desde finales del año 2009 por debajo del 20%. Se ha situado en el 18,9% de la población. Es un descenso indudablemente positivo aunque modesto ya que la tasa de paro actual triplica la media de la Unión Europea. Durante el tercer trimestre del año, y según las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA), que están consideradas como el termómetro más fiable del mercado de trabajo en España, el aumento del empleo ha sido el más elevado de los últimos cuatro años, con 226.500 nuevos empleos, lo que implica un aumento en tasa anual del 2,85%, ligeramente más alto que el del trimestre precedente aunque se ha caído por debajo del 3%, que en algunos momentos del año pasado fue la tasa de crecimiento de la ocupación.

Esta es posiblemente una de las características menos positivas de lo sucedido en el mercado de trabajo durante los meses del verano, un periodo que suele ser, dado el tipo de estructura económica española (muy volcada en el sector servicios) el mejor para la creación de empleos. Después de las últimas reformas del mercado de trabajo y gracias a la aceleración en el crecimiento de la economía, se esperaba que la creación de empleo aumentase a ritmo anual superior al PIB, que en los últimos trimestres está creciendo por encima del 3%. Pues bien, esta expectativa de mayor crecimiento del empleo que de la actividad económica no se está cumpliendo, aunque por muy escaso margen.

Otra de las conclusiones que cabe extraer de las cifras de la EPA de este tercer trimestre del año es el hecho de que ninguno de los seis principales sectores en los que ha aumentado la ocupación son sectores de actividad volcados en la exportación de mercancías. España es un país de servicios y de los 226.500 nuevos ocupados de este tercer trimestre, nada menos 1que 178.700 encontraron su empleo en el sector servicios, sobre todo en actividades como la sanidad, la hostelería, la educación y otras similares. La industria manufacturera apenas dio empleo al 15% de los nuevos ocupados en el trimestre.

Es este último un pobre resultado que incluso en términos anuales empeora ya que de los 407.600 nuevos empleos que se han sumado en los últimos cuatro trimestres, apenas 12.400 corresponden a la industria, es decir, menos que en el tercer trimestre, lo que significa que en algunos momentos del año la industria ha estado destruyendo empleo.

Al margen de la calidad del empleo (si es parcial o a tiempo completo o si es temporal o indefinido), el elevadísimo peso del sector servicios en la actividad económica es un punto débil de la economía que sólo sirve, aunque sea de gran relevancia, para atender las necesidades de la actividad turística, una actividad que por su propia naturaleza no puede proporcionar empleo estable y permanente ya que depende de los flujos de entradas de turistas, muy dependientes de la estacionalidad y de las épocas del año. España necesita reforzar su competitividad en el sector industrial para mejorar la exportación, que es en donde el empleo genera resultados mucho más duraderos y de mayor valor añadido. El fomento de la industria debería ser una tarea esencial de la economía española para poder aspirar a un empleo más estable y duradero.