El atasco de los bancos centrales

Ya se daba por supuesto que las políticas monetarias de tipo expansivo que estaban desarrollando desde hace casi dos años los bancos centrales (en algunos casos, incluso más tiempo) habían logrado muy escasos resultados. Pero el hecho de que lo haya dicho una voz tan autorizada como el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un informe esta misma semana marca un cambio de rumbo en la valoración de las políticas monetarias que con tanto esmero han venido desarrollando los principales países desarrollados. La Reserva Federal en Estados Unidos empieza ya a recorrer el camino de vuelta, pero todavía lo hace en medio de grandes dudas. Es probable que tras el veredicto del FMI negando las virtudes de estas políticas pueda entrar en una senda de más agresividad y suba de una vez los tipos de interés.

Estas políticas expansivas han llevado los tipos de interés a cero e incluso a cotas negativas, pero no han logrado ni reactivar la economía ni - sobre todo - elevar las tasas de inflación, que era el principal objetivo de la implementación de estas políticas. Los grandes bloques económicos quieren una inflación superior a la actual, idealmente del 2%. Pero el 85 de los países que fijan esta tasa de inflación u otros similares no han logrado ni siquiera acercarse, según estimaciones del propio FMI. Más aún, un 20% de los países analizados, la mayor parte del mundo, presenta rasgos propios de deflación o sencillamente tasas negativas.

La principal derivada de estas políticas expansivas debería haber sido el estímulo al consumo y, de ahí, la aceleración de la inflación y también un mayor crecimiento económico en la medida en que un mayor consumo estimula la actividad económica y sobre todo la inversión, para dotar de mayor músculo al crecimiento. Pero nada de esto se está logrando en los países desarrollados, con la leve excepción de Estados Unidos, aunque todavía con intensidad poco convincente.

Ha llegado a darse el caso de un banco central, el europeo, que ha propuesto directamente (a principios de esta misma semana) una decidida política de aumentos salariales, una actitud que contrasta con la siempre precavida posición de los bancos centrales de apoyar y recomendar la moderación en los aumentos de rentas, sobre todo pensando en la preservación de la competitividad de las economías.

Pero el BCE lo está viendo tan negro y se encuentra tan impotente a la hora de estimular la inflación y la economía que ha optado por recomendar lo que en otras épocas habría sido simplemente herético, las aceleración en la subida de los salarios. Todo sea por la inflación, habrá pensado Mario Draghi, presidente del BCE, que ya no sabe qué hacer para estimular los aumentos de precios y la actividad de la economía de la Eurozona mientras sigue sugiriendo la próxima adopción de más medidas de estímulo monetario.

El arsenal, por desgracia, tiene sus límites y los del BCE parecen a estas alturas bastante agotados, lo que explica la demora con la que se han adoptado las últimas medidas de expansión monetaria. La reiterada inutilidad de las adoptadas hasta la fecha requiere nuevos planteamientos, políticas más imaginativas de tipo estructural que logren los objetivos deseados. Una ayuda importante podría ser la subida de los precios de las materias primas, pero esa no parece ser la dirección por la que caminan los mercados, que no esperan grandes cambios en este terreno hasta bien entrado el año 2017.