El diagnóstico bancario de Draghi

Los bancos no atraviesan en general un buen momento. Eso lo admite casi todo el mundo, aunque con matices, ya que no a todos les va igual de mal. Siempre hay diferencias. Pero es una situación bastante generalizada, ya que el sector atraviesa momentos de cambios y esa es una de las principales razones por las que el conjunto de estas entidades va sólo regular. Pero hay otros que van peor porque, al margen de las condiciones del presente, sobrellevan pesadas herencias de las que no han podido aún liberarse.

El caso posiblemente más típico del sistema bancario español es el del Banco Popular, que ocho años después del inicio de la cris financiera sigue arrastrando problemas y secuelas de un exceso de inversión inmobiliaria que ha causado serias heridas en la entidad. La crisis de este banco poco tiene que ver con los problemas que aquejan ahora a la mayoría de los bancos, aunque se le han acumulado los dos, es decir, los de una crisis inmobiliaria mal resuelta y los problemas derivados del actual escenario financiero, cuyo principal exponente son los bajos tipos de interés y la consiguiente dificultad para generar márgenes con los que obtener beneficios y, en su caso, tapar las grietas del pasado.

Este jueves, el máximo responsable del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha salido a la palestra con una simplista declaración sobre el estado de salud de los bancos europeos. Dice el jefe del BCE que en Europa hay demasiados bancos, lo que equivale a un llamamiento a la fusión de entidades. España ha sido el país europeo con más actividad en este terreno, ya que hemos pasado en unos pocos años de unos 60 bancos y cajas a apenas una docena de entidades relevantes. Se ha quedado por el camino tres cuartas partes del censo de bancos y cajas, aunque los activos que gestionaban los desaparecidos estén hoy integrados en los bancos resultantes. Se puede decir, que las fusiones han beneficiado al sector, pero difícilmente se podría decir que han resuelto todo el problema, como podría deducirse de las palabras de Draghi.

Las fusiones quizás sean necesarias y en algunos casos seguro que lo son (la del Popular posiblemente sea una de las pocas que se le han quedado en el tintero a los bancos españoles). Nadie podría decir que no acabe llevándose a la práctica, por muchas resistencias que el equipo directivo ha mantenido en estos años, posiblemente con la única motivación de un reparto del poder que no gustaba a algunos. Ocho años después del inicio de la crisis, esta entidad todavía está haciendo ampliaciones de capital gigantescas, reduciendo plantilla en más de un 20% y cerrando varios cientos de sucursales, además de llevar a cabo drásticos cambios en el organigrama (quizás todavía no los hemos visto todos) y realizando ingenierías financieras de diverso alcance para sobrellevar el problema de origen, que no ha sido otro que el exceso de riesgo inmobiliario asumido por la entidad en los años de la alegría constructora.

Los cambios recientes en el Popular no sólo tiene que ver con la herencia inmobiliaria sino con los problemas sobrevenidos en los últimos años, un exceso de capacidad, poco capital propio, una falta de asimilación de las nuevas tecnologías y sobre todo el impacto negativo de los bajos márgenes del negocio bancario, causado por los bajos tipos de interés. El diagnóstico de Draghi sobre las fusiones necesarias parece menospreciar el impacto negativo que está teniendo en los bancos (no sólo en el Popular, lógicamente) la política monetaria que viene desarrollando el BCE al igual que otros bancos centrales. Pero como ha aclarado el propio Draghi, esta etapa de tipos de interés cero será larga y para ella tienen que estar preparados los bancos. El Popular está afrontando, en suma, dos crisis de golpe. Si sale de ellas sin una fusión será un auténtico milagro.