El mordisco de Apple

Pocas comparaciones más gráficas del conflicto fiscal de Apple con Europa que la que hace pocos días bridaba el premier austriaco, el socialdemócrata Christian Kern, cuando dijo que algunas multinacionales pagan en su país menos impuestos que un quisco cualquiera de salchichas. Austria es una de las numerosas víctimas del autismo fiscal de las multinacionales, sobre todo estadounidenses, en la mayor parte de Europa, en donde pagan impuestos del 12,5% en Irlanda pero cifras insignificantes en los países principales de la Eurozona. La sanción impuesta por la Comisión Europea, obligando a la multinacional americana a pagar a Irlanda unos 13.000 millones de euros más intereses por sus ausencias fiscales, no ha tenido una respuesta cuando menos educada por parte del jefe de Apple, Tim Cook, quien ha calificado de “basura política” las argumentaciones de la comisaria europea de la Competencia, la combativa Margrethe Vestager.

Las amenazas de Tim Cook sobre retirada de inversiones y repatriación de beneficios y liquidez no parecen muy creíbles. Una de las razones de ello es que en Estados Unidos le esperan a los beneficios de Apple una tasa de Impuesto de Sociedades del 35% más un 5% adicional en algunos Estados. Tasa que habían prometido reducirle los actuales gobernantes pero, en principio, permanece inalterada. A Apple le resultará mucho más barato pagar los 13.000 millones en Irlanda que afrontar el Impuesto de Sociedades en su país de origen, que podría exigirle un desembolso superior a los 65.000 millones de euros. Una resolución del Senado estadounidense del año 2013 proclamó, tras una investigación sobre las prácticas fiscales, que Apple era “el mayor evasor fiscal de América”.

El daño corporativo que este conflicto puede ocasionar a Apple quizás termine por hacer entrar en razón al gigante de la manzana, que en los últimos años se está viendo acosado por los crecientes éxitos comerciales de algunos de sus principales rivales asiáticos. Uno de ellos, por cierto, la coreana Samsung, el mayor fabricante de móviles del mundo, ha encajado estos días un duro golpe con el anuncio de que su último modelo se ha visto afectado por accidentes domésticos, que han retrasado el lanzamiento al mercado del Smartphone Galaxy Note 7, con el que trataba de adelantarse al iPhone 7, de Apple, de inminente lanzamiento. El daño corporativo para Apple y para las compañías que operan en Europa sin pagar impuestos más que de forma residual – que son bastantes – puede convertirse en un arma de cierto impacto en el éxito comercial y en la penetración de estas empresas en suelo europeo.

En todo caso, y según las cifras facilitadas este fin de semana por la comisaria europea de la Competencia, la elusión fiscal de las multinacionales en Europa es un asunto al que Europa parece dispuesta a tomarse más en serio ya que cada año se evaporan unos 240.000 millones de dólares, equivalentes al 10% de los beneficios corporativos globales. Una cifra que en Europa serviría para arreglar muchos desperfectos aunque, por encima de todo, permitiría restaurar una cierta equidad fiscal entre Estados miembros. No se entiende en absoluto cómo Irlanda, un país comunitario que se beneficia de importantes subvenciones de la Eurozona en atención a su menor grado de desarrollo económico, puede actuar como cómplice de un montaje fiscal que no sólo perjudica a la mayor parte de los Estados Europeos sino al propio Estados Unidos.