La fiscalidad europea necesita arreglo urgente

No era ningún secreto que algunos países europeos, Irlanda a la cabeza, estaba confeccionando trajes a la medida a algunas empresas multinacionales para que domicilien en su territorio una buena parte de su actividad económica, a pesar de que esta se desarrolle en todo el ámbito de la Unión Europea. Lo que acaba de hacer la Comisión Europea es exigirle a Irlanda que le abra una inspección fiscal a Apple para que la compañía de la manzana abone los 13.000 millones de euros que, según Bruselas, debería haber abonado en los últimos años.

Una petición bastante absurda, ya que es precisamente Irlanda la que tiene menos interés en exigir este pago de impuestos por la sencilla razón de que este país, como alguno otro de la Unión, ha convertido el asunto de los bajos impuestos sobre el beneficio en un instrumento de atracción empresarial, a costa de los demás socios de la Unión Europea. El asunto de Apple se está convirtiendo, por lo tanto, más en un análisis crítico de la fiscalidad en la Unión Europea que en una campaña contra las multinacionales, que tampoco van a salir bien paradas de este contencioso.

Bruselas se acaba de enterar de que uno de sus países miembros más subvencionados, Irlanda, que recibe dinero abundante del resto de los socios para desarrollar sus políticas internas, está haciendo la competencia desleal mediante la aplicación de impuestos ridículos en su cuantía por actividades que la compañía en cuestión desarrolla a lo largo y ancho de toda Europa. Lo mismo hacen otras multinacionales americanas o incluso europeas, acogiéndose a la libertad de movimientos para fijar allí donde las normas son menos exigentes las formalidades de tipo fiscal. La pregunta que cabe hacerse es por qué Bruselas ha tardado tanto tiempo en abordar esta cuestión cuando ya cuenta con precedentes bien conocidos, que han pasado por los tribunales europeos, como fue el caso de las vacaciones fiscales del País Vasco en España, que ha sentado ya una jurisprudencia de la que se podría haber tomado buena nota hace algunos años.

La Unión Europea tiene muchos frentes abiertos, tiene bastantes desajustes internos que delatan la falta de un proyecto político común que funcione con arreglo a principios de igualdad para todos los países miembros. No tiene sentido que Irlanda pueda aplicar una fiscalidad a la baja, aprovechándose de esta manera de la facturación que genera en otros mercados de la Unión, con lo que ello implica de atracción de actividad productiva y de generación de empleo en detrimento de sus socios europeos, que es en donde se genera buena parte de las rentas que luego disfrutan de bajísimos tipos impositivos en Irlanda.

Tampoco los Gobiernos europeos parecen totalmente inocentes, ya que están viendo cómo delante de sus propias narices se les evade una parte sustancial de la facturación de una empresa multinacional rumbo a otra economía en la que se van a beneficiar de unos impuestos muy inferiores. Está claro que los países de la Unión Europea deberían hacer una reflexión urgente y profunda con los datos que ya tienen en sus manos para evitar estas deslocalizaciones fiscales, impropias de un club como es la UE en el que fluyen con bastante intensidad las ayudas y subvenciones entre países de mayor y menor renta, pero en donde nada se hace (o no lo suficiente) para impedir actos de manifiesta discriminación fiscal.