Salarios, el delicado equilibrio

Los salarios españoles llevan cuatro años estancados. No sucede con la misma cuantía en las diversas zonas de la geografía española, ya que Madrid y el País Vasco presentan cifras más generosas que las de Extremadura y Canarias, dos de las regiones de menor nivel salarial. Pero en general el nivel salarial de los españoles se ha mantenido bajo mínimos en esta etapa reciente, en la que la economía española ha iniciado una clara proyección al alza en casi todas sus cifras, desde el PIB para abajo, siempre con la compañía de una tasa de inflación estabilizada o ligeramente a la baja, lo que ha influido no sólo en una ligera compensación de las rentas cuando se mide su poder adquisitivo sino en unas negociaciones salariales desprovistas de la agresividad de antaño.

La estabilidad de los salarios a nivel general (dejando de lado los emolumentos de los directivos de las empresas, que se mueven por otros parámetros) ha contribuido a una mejora de la competitividad del país de cara al exterior, por la vía de las exportaciones y también de los servicios, como sucede con el turismo. En esta mejora de la capacidad competitiva de las empresas radica una explicación del aumento de las ventas y a la postre del empleo, que está aumentando a ritmos superiores al PIB.

Si se puede establecer como válida la tesis de que la estabilidad salarial es una buena estrategia para fortalecer el crecimiento de la economía, es probable que esta línea se mantenga en los próximos ejercicios. Hay un nivel de paro equivalente al 20% de la población activa y su absorción requiere el máximo esfuerzo de la sociedad para acércalo a niveles propios de una economía próspera, por debajo del 7%, es decir, alrededor de millón y medio de nuevos empleos en el plazo más rápido posible.

Tal y como están evolucionando las variables de la economía en estos dos últimos años, este trayecto tendría que prolongarse durante tres años, en el curso de los cuales parece difícil que los salarios puedan registrar avances como los de los años de la expansión económica. Sería deseable que los aumentos salariales tuvieran mayor consistencia, ya que con ello mejoraría el gasto de consumo y posiblemente la inversión, pero si aumentos salariales por encima de los actuales llegan a generalizarse, su impacto en la competitividad podría colocar de nuevo a la economía española en la senda del estancamiento, que es justamente lo que se trata de evitar.

Por lo tanto, un delicado equilibrio en el nivel salarial que sea capaz de preservar la competitividad de las empresas y que contribuya al aumento del gasto por la vía de un mayor nivel de empleo, como sucede desde hace dos años, sería la clave del éxito en la economía española de cara a un futuro no inferior a tres años. Para ello hace falta un consenso social y económico al que no son ajenos los esfuerzos de los sindicatos y las patronales, mediante la firma de acuerdos globales de moderación salarial, siempre en la vía de la moderación, como vienen acordando en los últimos años. Ese clima de consenso social no parece que vaya a peligrar en el inmediato futuro ya que sindicatos y patronales lo han refrendado en las últimas ocasiones en las que lo han afrontado.