Empieza el curso bajo la incertidumbre

La llegada del mes de septiembre nos pilla, como era de temer, sin Gobierno. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que a la vuelta de unos días se pueda reanudar el curso con todas las piezas en su sitio. Este será el arranque de curso posiblemente más incierto de los últimos años, ya que ni siquiera existen garantías de que pueda haber unos Presupuestos del Estado para el año 2017, un compromiso que la Constitución establece que debe arrancar antes del 30 de septiembre para que pueda estar listo y funcionando cuando arranque el año fiscal 2017.

La incertidumbre puede empezar a pasar factura a la economía española desde este mismo mes ya que el calendario fija algunos compromisos que deben arrancar precisamente en este momento del año. Uno de ellos es el relacionado con el gasto público, que constituye un ingrediente de considerable importancia en toda la actividad económica. España lleva ya un año largo sin una dirección precisa en materia de inversión pública, ya que las grandes obras que configuran una de las piedras angulares del funcionamiento de la economía no han sido ni siquiera licitadas. Ello no sólo afecta a la programación de las empresas sino a la dinámica de creación de empleo. La paralización de algunas obras ya previstas es también motivo de inquietud, ya que algunos proyectos son la piedra angular de nuevas inversiones que se van arrastradas también hacia la parálisis o a incurrir en costes marginales que merman la credibilidad del sector público y de los Gobiernos.

Una segunda fuente de incertidumbres es la fiscal. El programa pactado por los dos partidos que buscan la investidura de Rajoy se ha comprometido a poner en marcha mecanismos restrictivos para las deducciones en el Impuesto de Sociedades, al objeto de aflorar importantes fuentes de recaudación. No es una buena noticia para las empresas y previsiblemente ello va a tener sus consecuencias en algunos planes de crecimiento y, por lo tanto, en algunas inversiones de cierta consideración, con el inevitable corolario de impacto negativo en el dinamismo del empleo.

La fuente de incertidumbre no se debe tanto a la puesta en marcha de medidas fiscales de tipo restrictivo sino a la forma en la que estas medidas van a ser aplicadas y a qué ámbitos van a afectar. Las deducciones que utilizan las empresas en el Impuesto de Sociedades tienen muchas variantes. Fueron establecidas a lo largo de los últimos años para impulsar determinadas políticas. Su revisión ahora afectará a los estímulos que recibirán tales políticas, como la investigación, la proyección internacional, la creación de empleo, entre otras.

La estabilidad de las políticas fiscales es una de las virtudes que más aprecian los expertos y los empresarios cuando se trata de valorar la calidad de un determinado sistema tributario. Si las normas cambian cada dos por tres, la credibilidad del mismo se resiente seriamente y, por lo tanto, las virtudes que puede generar de cara al crecimiento económico se ven seriamente limitadas y distorsionadas.

Los inconvenientes de un Gobierno maniatado y de un país sin Gobierno son grandes. Desde este mes de septiembre posiblemente empecemos a notarlo con más virulencia que en el pasado reciente.