Un pacto voluntarista

Los votos que aporta el partido Ciudadanos a la votación de investidura de Mariano Rajoy no alcanzan la mayoría absoluta por lo que todo sigue en manos de los socialistas. El programa de Gobierno que han acordado los dos partidos, Popular y Ciudadanos, constituye un meritorio esfuerzo de aproximación entre ambas partes y posiblemente no difiere mucho de lo que hace unos pocos meses firmaron los representantes de Ciudadanos con el PSOE de Sánchez, para la investidura finalmente fracasada de este. Este nuevo pacto de Ciudadanos, convertido en una especia de bisagra política, suma más que el anterior con los socialistas, pero no aporta las certezas suficientes para asegurar la deseada formación de un nuevo Gobierno estable.

La dificultad para formar Gobierno con apoyo mayoritario es, por lo tanto, el fruto de una verdadera voluntad política (el rechazo de los socialistas) más que el resultado de diferencias políticas profundas a la hora de encarar una nueva etapa para gobernar el país con arreglo a directrices que en buena medida están predeterminadas por Bruselas. Como no hay voluntad política para formar un Gobierno que cuente con apoyo mayoritario, es probable que la inestabilidad política siga dominando. El horizonte político del país sigue en suma hipotecado. Una mala noticia para la economía, que a estas alturas necesita ya de firmeza en las decisiones de un Gobierno con apoyo parlamentario.

El programa que han acordado los dos partidos que secundarán la investidura de Rajoy tiene un aire de alto voluntarismo, aunque en un alarde de realismo se supedita a la superior autoridad, como no podía ser de otra forma, de la autoridad europea, ya que los Presupuestos de los dos próximos ejercicios, y de los siguientes, deberán ser respetuosos con la estabilidad, es decir, con un déficit que no podrá superar el 3% del PIB y que deberá evolucionar a la baja.

Las optimistas valoraciones que han hecho los portavoces de Ciudadanos, sobre el aumento del gasto social en los próximos ejercicios, forman parte de ese voluntarismo que parece inspirar el acuerdo entre los dos partidos. Bruselas aplicará la lupa sobre todo exceso en los gastos de tipo público, sean de la condición que sean, tanto si llevan el virtuoso apellido de gastos sociales como si no.

Al margen de esta expresión de voluntarismo social, el acuerdo contempla una serie de previsiones de ingresos fiscales que descansan tanto en el aumento de la presión fiscal sobre las empresas (remodelando el Impuesto de Sociedades para reforzar su capacidad recaudatoria) como en una hipotética recuperación del dinero que había sido condonado parcialmente con ocasión de la polémica amnistía fiscal, todo ello reforzado con un redoblado incremento de las tareas de lucha contra el fraude fiscal. Voluntarismo, en suma, que soporta razonablemente bien la literatura de un acuerdo de rango político pero que encontrará serias dificultades cuando deba proyectarse sobre los capítulos presupuestarios de ingresos en la contabilidad pública. El acuerdo establece, en todo caso, una especie de condición suspensiva (no podía ser de otra forma) que pone en manos de Bruselas la ejecución de algunos de los puntos vitales del acuerdo.