Los banqueros centrales hablan de tipos

Los banqueros centrales de los principales países del mundo desarrollado mantienen estos dos últimos días de la semana su habitual reunión de finales de agosto en un idílico rincón del Estado norteamericano de Wyoming para hablar de los asuntos que les conciernen. De esta reunión, en la que participan e intervienen los principales banqueros centrales del mundo, suelen salir algunas pistas sobre lo que pueden hacer los bancos centrales de cara al futuro, lo que implica en la práctica enfrentarse a una auténtica bola de cristal porque las opciones son muchas y diversas.

La principal incógnita a corto plazo es saber la fecha del próximo movimiento al alza en los tipos de interés de la Reserva Federal estadounidense. Ya se han acabado los estímulos agresivos de estos tres últimos años y ahora toca volver a la normalidad, algo que en Europa se está reclamando cada vez con más insistencia en lo que atañe a nuestra propia situación, ya que la proliferación de medidas de estímulo monetario adoptadas por el BCE en los últimos meses no ha dado los resultados apetecidos y buscados (seguimos sin inflación, cuando se pretendía subirla hasta el 2%, y seguimos sin un ritmo de crecimiento apreciable, cuando se deseaba lanzar a la economía por la vía de la expansión tras haber estimulado al crédito) y además se están generando problemas adicionales que pueden complicar mucho la situación.

No se trata sólo de qué habrá que hacer en el futuro con la inmensa cantidad de activos que ha estado acumulando y sigue atesorando el BCE mediante sus compras de deuda pública y ahora también privada. Se trata también de ver cómo se digiere el problema de los bajos tipos de interés e incluso de los tipos negativos que se ha extendido por el conjunto de la economía, distorsionando los circuitos financieros y los mecanismos de ahorro e inversión.

La situación actual de los tipos debe considerarse excepcional. Y los banqueros centrales han convocado su habitual reunión de cada verano para discutir esta vez precisamente la forma de aplicar políticas monetarias resistentes, es decir, que sean sostenibles a largo plazo, lo que puede ser una forma indicar que las políticas actuales no son perdurables y que en algún momento han de darse por clausuradas. Este es el menú del debate que se está desarrollando este jueves y viernes en el cónclave monetario internacional que se desarrolla en la localidad de Jackson Hole.

El interés más inmediato de la reunión y de las intervenciones de los banqueros centrales es en todo caso tratar de saber cuándo la Reserva Federal de Estados Unidos va a poner punto y final a su política de tipos bajos, mejor dicho, cuando va a reanudar la secuencia alcista que, tras nueve años de parálisis, había activado en diciembre pasado, con una primera subida modesta de los tipos de interés que dio pie a que casi todo el mundo pensara en que se trataba sólo del primer paso que sería seguido por subidas trimestrales de tipos de interés de un cuarto de punto cada trimestre. Ha pasado ya un largo trecho, prácticamente tres trimestres, y nada se ha movido mientras en Europa los tipos de hundían por debajo de la línea de cero, hasta entrar en zona negativa. Este horizonte es el que casi todo el mundo considera inaceptable, aunque los bancos centrales se resisten a cambiar. A finales de septiembre, la Reserva Federal tiene una nueva reunión de su Comité de Mercado en el curso de la cual podría adoptarse ya la esperada decisión de subida de tipos. Si no es en septiembre, la probabilidad de que sea en diciembre parece contar con más grado de apoyo.

En todo caso, sea cual sea el momento de la subida de tipos en EE.UU., lo que los analistas esperan de esta reunión de banqueros centrales es algún tipo de luz sobre lo que las políticas monetarias pueden deparar a medio plazo, tratando de ver el horizonte durante el cual los tipos de interés dejen de estar en tasas negativas para volver a la normalidad.