Lo que no han dicho los test bancarios

Un mal disimulado aire de triunfalismo ha acogido los resultados de los test de estrés bancarios dados a conocer el viernes con nocturnidad. Esta expresión de confort ha sido especialmente visible en España, cuyos bancos han obtenido una nota media netamente superior a la señalada como necesaria para mostrar la fortaleza de las entidades bancarias en un escenario económico adverso.

La actual salubridad del sector no puede ocultar, en todo caso, que algunas de las entidades que mejores cuentas han ofrecido en sus niveles de solvencia son deudoras de importantes ayudas públicas en el pasado reciente (caso de Bankia) o que han realizado esfuerzos considerables en el pasado aún más reciente (caso del Banco Popular) para dotarse de capitales propios reforzados, en los que los accionistas han tenido que rascarse el bolsillo, en este caso concreto con bastante generosidad.

Con todo, el sector bancario está lejos de respirar tranquilo. Los resultados de los test han dejado una ola de escepticismo ya que el sector vive una vida bastante azarosa y desde luego menos confortable de lo que estos resultados aparentemente tranquilizadores han aportado o intentan demostrar. No es casual que en los últimos días algunas voces autorizadas a nivel europeo, dentro del propio sector, hayan aludido a la necesidad de afrontar un plan de recapitalización urgente y masivo de la banca europea, ya que las perspectivas a corto y medio plazo no resultan muy favorables.

El principal reto al que se enfrenta la banca es de nuevo cuño, no estaba en los guiones hace apenas unos meses. Hay, ciertamente, problemas todavía importantes de excesivo peso de las tasa de morosidad, aún sin afrontar mediante los necesarios acopios de capital. No se puede olvidar que las tasas de morosidad en algunos bancos europeos superan el 20%, una tasa excesiva para poder hablar de un sector saneado y con capacidad de funcionamiento estable y normalizado.

Pero los principales retos del sector radican ahora mismo en la falta de rentabilidad y en la necesidad de un urgente proceso de adaptación a las nuevas coordenadas en las que se mueve la actividad financiera, sobre todo de tipo tecnológico. La merma de rentabilidad está siendo acuciante. Con los márgenes exiguos que muestra en estos momentos buen parte del sector financiero europeo no sólo será difícil cumplir con los nuevos requisitos de capital de las autoridades reguladoras, cada vez más exigentes, sino con un calendario razonable de amortización de quebrantos (reducción de la morosidad) y con las inversiones necesarias para afrontar la gran transformación que la actividad bancaria está exigiendo a los protagonistas del sector, los bancos.

El drama de los tipos cero es el principal escollo al que se enfrentan los bancos en estos momentos ya que corta de raíz la esencia de sus ingresos, cuya merma está llevando al sector a una acelerada pérdida de rentabilidad, sin la cual será inviable la obtención de niveles de solvencia adecuados, en línea con lo que demandan las autoridades reguladoras. El mejor programa de saneamiento que necesita el sector consiste en acabar cuanto antes con las políticas monetarias tan expansivas, que no han logrado avances sustanciales en la activación de la economía y que, por el contrario, están cercenando la utilidad de uno de los protagonistas esenciales de la actividad y del resurgimiento de la economía, como son las entidades financieras.