Empleo, lo que queda por hacer

España ya no crea empleo al ritmo de meses anteriores. Es prematuro atribuir esta patente desaceleración en el ritmo de aumento del empleo al parón que vive el país con la actividad política, pero la economía no podrá aguantar mucho más tiempo sin Gobierno (y, por tanto, sin tomar decisiones de amplio espectro que afecten al funcionamiento de la economía y que atañen a los estamentos oficiales), ya que el tejido económico en su conjunto, sea el sector público o el privado, terminan por contagiarse de esta pasividad. Posiblemente el menor ritmo de creación de empleo tenga algo que ver con la madurez del ciclo económico, aunque las previsiones de crecimiento del PIB se mantienen todavía al alza, al menos para la segunda mitad de este año. La debilidad en la creación de empleo parece, en todo caso, que se ha adelantado unos meses sobre el calendario previsible.

La Encuesta de Población Activa (EPA), del segundo trimestre del año, acaba de certificar un ritmo más débil en la creación de puestos de trabajo que en los trimestres anteriores. Como punto de comparación, los 271.000 nuevos empleos a lo largo de este segundo trimestre quedan manifiestamente por debajo de los 411.800 empleos nuevos durante el mismo periodo del pasado año. Esta fase del año es habitualmente la más activa en materia de ocupación y por lo tanto las cifras eran esperadas con cierta expectación.

En estos meses de primavera se ha producido un enfriamiento del ritmo de creación de puestos de trabajo, bien visible cuando se compara la tasa de crecimiento del empleo, en un 2,4% anual, con la tasa de aumento del PIB, que habrá rondado el 2,9%. Es decir, el empleo crece a menor ritmo que la actividad económica. Hasta este segundo trimestre del año 2016 venía sucediendo lo contrario, que el PIB crecía bastante pero la ocupación todavía más. La tasa de crecimiento del PIB necesaria para crear empleo parece haber disminuido, lo que significa que con menos intensidad en el crecimiento de la economía puede haber más empleo que en ocasiones anteriores similares. Pero este cambio no parece haber dado aún resultados muy tangibles, aunque sean positivos, lo que algunos expertos del mercado de trabajo atribuyen a la rigidez de las condiciones laborales, precisamente uno de los asuntos que intentaba mejorar la reforma laboral de hace unos años.

Como no todo ha de ser valoraciones negativas, también hay que reconocer que, a la vista de estas cifras, la economía española empieza a mostrar un aumento de la productividad, lo que no ha sucedido a lo largo de la etapa anterior de dos años de recuperación económica. Y la mejora de la productividad es buena para la competitividad y porque sienta las bases de un crecimiento más sano, al posibilitar una mejora de las rentas salariales y, por lo tanto, abrir nuevas vías al crecimiento de la actividad económica, además de al bienestar de los ciudadanos que tienen empleo.

En el capítulo de los hechos positivos, los datos de este segundo trimestre muestran una nueva reducción de la tasa de paro, hasta la el 20%, lejos ya del 26,9% que alcanzó en su momento más crítico, a principios del año 2013. Pero la cuenta más dramática del mercado laboral español no es solamente esa, es también la que contempla el número de personas con empleo que todavía no lo han recuperado tras haberlo perdido a lo largo de la crisis.

España ha destruido en estos años de crisis unos 3,8 millones de puestos de trabajo y, desde el inicio del año 2014, cuando empieza a recuperarse el empleo, este ha servido para dar ocupación a 1,35 millones de personas, de formas que los olvidados de la crisis son todavía unos 2,4 millones. Es decir, España ha recuperado menos de la mitad del empleo destruido en los años malos. Lo que muestra lo mucho que queda por hacer y lo importante que es perseverar en el mantenimiento de una economía con crecimientos cercanos al 3%.