Los problemas económicos del futuro

La demografía y la Deuda Pública son dos de las hipotecas que tiene la sociedad española por delante y que los Gobiernos no parecen tomarse muy en serio, lo que no significa que no sean dos serias limitaciones pare el crecimiento futuro del país. Como el debate político tiene prioridades que los españoles quizás no comprendamos muy bien, la existencia de estos dos problemas, que no por ignorarlos dejan de existir, tendría que convertirse en algún momento en sendos temas de debate nacional. Por desgracia, algunas de las propuestas políticas que circulan pos los programas electorales parecen diseñadas a propósito para empeorar estos dos problemas. La belleza argumental y la aparente sensatez de algunas propuestas, casi siempre de gasto, son de naturaleza perversa en muchos casos y aunque parece asombroso logran captar adeptos entre el incauto elector español.

La demografía se está convirtiendo en un problema importante cuyo impacto en la economía va a ser bastante significativo en la medida en que cada vez la proporción entre españoles en activo y la población pasiva tiende a deteriorarse, máxime cuando en la población de menos de 65 años de edad, la que en teoría debería tirar del carro y producir los bienes necesarios para garantizar el bienestar del resto, existe un bloque de ciudadanos en paro y que no producen. Es un porcentaje excesivamente elevado, como bien se puede ver en las estadísticas de población activa y de empleo y que acaba reflejándose en los grandes parámetros de la Seguridad Social, que reflejan el número de españoles cotizando al sistema de previsión social y el número de ciudadanos que perciben sus prestaciones en calidad de jubilados. El aumento de la esperanza de vida, un hecho de por sí venturoso y positivo, es no obstante uno de los factores que contribuye a dificultad la sostenibilidad del sistema.

Este desequilibrio sociológico, que refleja la evolución demográfica, se traduce en cifras cada vez más preocupantes, es decir, en un déficit de la Seguridad Social que crece de forma galopante. Hay que recordar que nos encontramos, en alguna medida, en la mejor de las condiciones para que este déficit no aumente, ya que la economía crece a ritmos del orden del 3% y similares y el empleo lo está haciendo también a ritmos de ese tenor. Por lo tanto, estamos viendo cómo se agrava el problema de la financiación de la subsistencia de nuestros mayores en una situación económica inmejorable. Lo que pueda suceder si la economía se para de repente no es fácil imaginar, pero está claro que ello iría en detrimento, posiblemente muy grave, de la capacidad para sostener financieramente el sistema de pensiones. Se trata de un problema que no está tan alejado en el tiempo como podría suponerse. No hablar de él o eludir adoptar medidas tendentes a suavizar el problema en el futuro no es la mejor forma de impedir que ese escenario se convierta en realidad.

El otro problema de índole financiera que pesa sobre nuestro horizonte más o menso inmediato es el de la Deuda Pública, cuyo peso en el PIB se ha multiplicado por más de dos durante la crisis. Ahora bordea el 100$% del PIB, es decir, un año entero con el país trabajando a tope para pagar las deudas a los acreedores, entre los cuales hay algunos extranjeros (mayoría) pero también algunos españoles, los propietarios de títulos de Deuda Pública. Pagar esta inmensa deuda, que el país ha ido acumulando de forma irresponsable y que sigue acrecentándose a pesar de todas las advertencias, es desde luego una responsabilidad de las próximas generaciones, a las que les estamos dejando un legado realmente incalificable.