Empresarios contra el ‘Brexit’

Empieza el mes de junio, duran te el cual tienen fecha diversos acontecimientos políticos de gran alcance económico. Uno de ellos, quizás el más relevante para España y desde luego para Europa, es el referéndum británico para sacar al país de la UE. A medida que avanzan los días parece que el clima favorable al ‘Brexit’ (la salida británica de la UE) va perdiendo peso. La brecha entre los partidarios de seguir y los de la salida se amplía a favor de los primeros aunque hay que valorar en su justa medida el amplio apoyo que tiene la postura favorable a la salida, en torno o por encima del 40% de los votantes sondeados. Es mucha gente, aunque a decir, verdad en Gran Bretaña siempre se ha respirado un ambiente hostil hacia el Continente, lo que no quiere decir que la opción de abandonar la UE sea la que más le conviene a la sociedad británica.

Así lo están valorando los principales líderes del país y lo que imprecisamente se llama el “establishment”, mientras la opción favorable a la salida está apoyada por lo que se llama, también con escasa precisión, “la gente de la calle”. Las llamadas en favor de la permanencia, con todo tipo de argumentos cargados por lo general de sensatez provienen no sólo de una parte sustancial de la clase dirigente británica sino de las grandes organizaciones internacionales y de socios tan fiables para Gran Bretaña como Estados Unidos, cuyo presidente se personó en la capital británica hace escasas fechas precisamente para apoyar la causa de la permanencia. Fue un gesto importante porque la unidad europea ha contribuido a mitigar y a hacer menos visible, y quizás también menos rentable, el liderazgo económico y político de Estados Unidos, sobre todo tras la desaparición de la Unión Soviética.

Hay muchos argumentos que los europeos no entendemos bien en esa obstinación británica de separarse del resto de Europa, cuando a simple vista serían muy numerosos los perjuicios para la economía de este país s y para la sociedad británica. Entre otras cosas porque Gran Bretaña se ha reservado algunas parcelas de autogobierno que el resto de los europeos hemos cedido en favor de la Unión o en favor de parte de ella, como es el caso de la moneda única, la política agrícola común, la política energética o el Banco Central Europeo (BCE) y otras muchas áreas, en las que Europa es, con Gran Bretaña ausente, un protagonista importante en la esfera económica mundial. Dicho de otra forma, la decisión británica de abandonar la UE es la de un miembro díscolo que sólo tiene un pie dentro de la Unión y el otro fuera, habiéndose reservado de hecho, para su propio gobierno, aquellas parcelas que consideraba más irrenunciables y que el resto de la UE no le reclama insistentemente, en parte para no incomodar, en parte a sabiendas de las escasas posibilidades de éxito. Además, esa campaña que siempre ha existido en Gran Bretaña contra la UE obliga a los socios de la UE a extremar la cautela para no exacerbar la posición de los euroescépticos o para no darles argumentos con los que almacenar más munición.

El resultado de la votación del 23 de junio es, en todo caso, bastante incierto. La última baza que han jugado los partidarios del no abandono ha estado rodeada de cierta espectacularidad, ya que se ha traducido en un manifiesto proeuropeo de los capitanes de empresa más importantes de Europa, medio centenar de compañías, cuyos dirigentes, además de rechazar la conveniencia de la salida británica y los perjuicios que ello acarrearía sobre todo a los británicos, han aprovechado para hacer un somero repaso de las políticas de unidad que aún tiene la UE por delante y de las que les gustaría que los británicos fueran también partícipes. Tras el referéndum, sería una pena que la UE no aprovechara la ocasión histórica que una votación favorable a la permanencia aportaría para darle un impulso reforzado a las políticas comunes. Incluso si Gran Bretaña opta por mantener viva su idiosincrasia y mantiene el menú aparte que ha estado tomando en los últimos 60 años.