Mejorar el atractivo turístico

Hay dos indicadores económicos aparecidos en estos últimos días que invitan a un cierto optimismo sobre el impacto que algunas variables de la economía puede tener en la creación de empleo. Por un lado, los avances de previsiones de la temporada turística son excepcionales. Por otro, los visados emitidos por los organismos profesionales para la construcción de nuevas viviendas crecen a un ritmo espectacular, un 57% en el primer trimestre del año. La vivienda se está recuperando con fuerza, como vemos en los indicadores de créditos hipotecarios y de precios en alza, reflejo indudablemente de que el sector vuelve a moverse al alza. Turismo y construcción son dos actividades bastante intensivas en mano de obra, aunque en ambos casos hay que matizar su estacionalidad y el carácter mayoritariamente temporal de una buena parte de este empleo.

Estos dos indicadores ofrecen un buen punto de partida sobre la actividad económica que se puede anticipar de cara a los próximos meses, aunque la plasmación de estos indicadores en los niveles de empleo es cuestión diferente. En teoría la repercusión de estos mayores niveles de actividad en el turismo y en la construcción permitiría una aceleración en la creación de empleo, aunque en el caso de la actividad turística este impacto es más modesto debido a que se trata de una actividad económica muy estacional y, por lo tanto, con buen potencial de creación de empleo, aunque de carácter temporal y de calidad de nivel medio o bajo.

Las cifras que se manejan entre los empresarios del sector turístico hablan de más de 70 millones de visitantes extranjeros en el conjunto del año, incluso en algunos casos se anticipa la cifra posible de 72 millones de personas frente a los 68,1 millones que nos visitaron durante el año 2015. El atractivo turístico español se mantiene muy alto debido a las condiciones proverbiales del país fundamentadas en el clima y en un coste bastante asequible para los bolsillos de una clase media cada vez más amplia a nivel mundial. Es una pena que en las actuales circunstancias políticas, algunos gobiernos municipales se empeñen en poner algunas trabas al desarrollo e impulso de algunos proyectos relacionados con la industria del ocio, sobre los que se sustenta el atractivo turístico de otros países.

España está en el pódium de las grandes potencias de la industria turística en cuanto a número de visitantes. La explicación de por qué Francia nos ha llevado habitualmente la delantera en cuanto a visitantes no siempre se corresponde con los verdaderos méritos de ambos países a la hora de atraer al visitante extranjero. Es posible que este año el crecimiento español sea el más elevado entre las grandes potencias turísticas internacionales, con posibilidad incluso de superar a Estados Unidos. China se nos ha acercado mucho en los últimos años y es el cuarto país en discordia. Son las cuatro grandes potencias del sector.

Pero Francia nos mira desde las alturas, ya que hay entre 15 y 20 millones de visitantes más en este país que en España, una diferencia que habría que tratar de arañar con algunos reclamos adicionales de calidad, para tratar de lograr el doble objetivo de atraer a más visitantes y conseguir que gasten más dinero del que se dejan ahora en nuestro país, apenas unos 750 euros por turista, una cifra manifiestamente mejorable.

La cosecha turística anual rozó el pasado año los 60.000 millones de euros. Este año se superará previsiblemente esa cifra a pesar de la debilidad del euro, que en realidad es un arma de doble filo, ya que es también un factor a tener en cuenta a la hora de mejorar nuestro atractivo y nuestra competitividad turística.