Prisas con las fusiones bancarias

El anuncio de la ampliación de emergencia del Banco Popular ha disparado las expectativas de fusiones en el sector bancario, aunque el ámbito de este movimiento no será sólo español. Desde instancias internacionales (el FMI, con especial insistencia) se ha reclamado estos días con apremio una revisión a fondo de la arquitectura del sector en toda Europa. El diagnóstico enunciado por el alto funcionario del FMI que se ocupa de los asuntos financieros en la organización, el español José Viñals (uno de los expertos que mejor conoce las interioridades de la banca española por su dilatada carrera en el sector público español y europeo), ha sido bien claro cuando ha dicho que los bancos europeos son muchos y por lo general débiles.

Viñals ha puesto algunas cifras sobre la mesa que causan seria preocupación. Nada menos que un 30% de los activos que tienen los bancos europeos en sus balances no proporcionan rentabilidad suficiente a las entidades que los tienen. La reacción del Banco Popular, que es el banco español con menor grado de sanidad en su balance debido al escaso nivel de provisiones con que cuenta para afrontar sus créditos enfermos, habría sido una respuesta a este problema, respuesta largamente meditada pues los problemas de la entidad eran bien conocidos desde hace tiempo. La coincidencia del anuncio del banco, de que va a ampliar capital en 2.500 millones para reforzar su balance, y de las declaraciones de Viñals no parece programada, ya que son cuestiones que cada una se han venido desarrollando por su lado. Pero todo parece indicar que en la banca europea va a producirse un movimiento similar al que ha anunciado el banco español, bajo la presión de las autoridades regulatorias.

Que los bancos anden bajos de rentabilidad es una mala noticia para la economía en general, incluso si este bajo rendimiento no se traduce directamente en crisis de algunas entidades. Con las bajas rentabilidades que está mostrando la mayor parte del sector en los últimos dos años, la tendencia defensiva se está agudizando entre las entidades y ello se está traduciendo en una merma del crecimiento de la actividad crediticia. Es decir, un freno al crecimiento económico en general, ya que una política crediticia temerosa de incurrir en aumento de la cartera de morosos perjudica a los procesos de inversión y por lo tanto frena a la economía y al empleo.

Los procesos de concentración entre entidades financieras pueden verse, por ello, acelerados en los próximos meses en toda Europa e incluso en España, en donde ya se ha vivido una actividad bastante intensa en los últimos años, por la doble vía de fusión entre entidades y ajustes de capacidades a la baja, con cierre de oficinas y reducciones de empleo. Una tercera parte de las oficinas bancarias ha desaparecido en estos años. Y la sensación dominante es que el ajuste del sector va a continuar de forma bastante más aguda que en el pasado. Hay en estos momentos varios expedientes de regulación de empleo en marcha y varios planes de cierres de oficinas anunciados. El sector está buscando desesperadamente la rentabilidad. Las vías para ello, mientras vivamos sometidos a la política expansiva del BCE y a los consiguientes bajos tipos de interés, vienen por los ajustes de costes y por el aumento de capitales propios, vía esta última que es la que, junto al ajuste de costes, ha escogido el Popular, debido a la mayor importancia de sus desajustes de balance. La ampliación de capital del Popular es en realidad una respuesta a una fusión frustrada. El banco no ha explicado a sus accionistas (se supone que sí lo ha hecho con los institucionales) las razones por las que les pide de nuevo dinero en vez de dar entrada en el capital a otros inversores al calor de una fusión.

Pero tarde o temprano, y posiblemente dentro de este mismo año, operaciones de este tipo se irán sucediendo ya que no hay posibilidades en los mercados de capitales de atender a tantas necesidades de capital como tiene en estos momentos una buena parte del sector bancario europeo.