La huida hacia adelante del Popular

El Banco Popular ha lanzado una llamada de auxilio casi al borde de la desesperación. La entidad es la más débil del sector bancario español desde hace ya unos cuantos años, ya que se ha visto desbordada por el exceso de crédito a los promotores inmobiliarios, el segmento del mercado en el que mayor índice de fracasos se produjo durante la crisis del ladrillo y por lo tanto es el sector económico que en mayor medida ha recargado de créditos morosos a los bancos, en especial al Popular, que había sido especialmente activo a la hora de financiar a los promotores. Las coberturas mediante provisiones no han sido suficientes ya que el banco no tiene una cuenta de resultados capaz de afrontar el peso de una cartera crediticia tan deteriorada.

La solución finalmente adoptada es la de ampliar por segunda vez en apenas cuatro años el capital social en 2.500 millones, lo que abre una puerta a la esperanza si el banco es capaz de vender parte de su cartera de préstamos en los próximos meses, como ha anunciado. La ampliación de capital junto a la suspensión del dividendo con cargo a este ejercicio y una aceleración en la política de contención de costes, con menos oficinas y un nuevo ajuste de empleo, completan las medidas clásicas de este tipo de crisis bancarias.

La opción de ampliar el capital social llega tras los insistentes rumores que señalaban la inminencia de una fusión entre este banco y alguna otra entidad del sector o incluso su absorción por parte de alguno de los grandes. Una de las operaciones más barajadas era la integración del Popular con Banco Sabadell, que cuenta con un experimentado equipo gestor, aunque en los últimos meses su carga de trabajo (sobre todo tras la compra del británico TSB) se ha visto muy saturada. Es probable que en la hipótesis de esta fusión hayan pesado mucho los factores de tipo personal, ya que el Sabadell se presentaba claramente como candidato a liderar la operación de integración de ambas entidades. El Popular cuenta con un equipo directivo muy experimentado, pero las cifras de la entidad y su trayectoria reciente no eran suficientes para presentar una fusión entre iguales.

Ha triunfado finalmente la tesis de seguir adelante en solitario aunque es una opción con considerable riesgo porque el entorno en el que se mueve la actividad bancaria en estos momentos, y previsiblemente en uno o dos años más, no es favorable para una salida fácil de una crisis bancaria. La generación de márgenes del negocio está sometida a serias estrecheces debido a los bajos tipos de interés. Y el peso de importantes activos improductivos es una lacra que dificulta mucho el incremento de las provisiones y la aplicación de saneamientos, que en el caso del Banco Popular cubren en la actualidad una parte muy baja del activo dañado, la más baja entre los principales bancos españoles.

Con este paso en solitario del Popular, el sector bancario español se priva de una de las posibles etapas del proceso de consolidación que muy probablemente habrá de producirse porque aún hay varias entidades con muchas papeletas para ver multiplicadas sus dificultades financieras en los próximos meses. El Popular ha adoptado una decisión de riesgo en vísperas de acontecimientos políticos que podrían dificultar a medio plazo sus decisiones, como las elecciones en España y la consulta británica sobre la salida o no de la zona euro. De aquí a dos meses, las cosas pueden empeorar bastante en la economía, aunque también cabe la posibilidad de que el escenario bueno acabe imponiéndose. El Popular ha preferido adelantarse a los acontecimientos.