Los bancos suben la Bolsa

El pulso de la Bolsa se ha activado de forma súbita en los dos últimos días tras dos o tres semanas de dudas. La reacción alcista la han protagonizado sobre todo los bancos, que este año llevan una vida cargada de incertidumbres y de malos presagios. La reacción de los bancos en los últimos días ha jugado un papel decisivo para que el conjunto de la Bolsa se haya encaminado hacia la neutralización de las pérdidas acumuladas en lo que va de año.

Pocos motivos hay para justificar la reacción alcista de las cotizaciones bancarias, como no sea el hecho, muy a tener en cuenta, de su importante abaratamiento en los últimos meses. Las cotizaciones bancarias estaban, y algunas lo están todavía, bastante bajas. Los bancos cuestan en Bolsa menos de lo que dicen sus balances y este hecho constituye un buen acicate para comprar, aunque no siempre sea un factor decisivo.

En los últimos días, algunos de los representantes oficiales del sector (del BCE básicamente) han realizado declaraciones públicas que han tenido un eco positivo en el mercado. Entre lo que han dicho los dos principales directivos del BCE que se han pronunciado en público en sendas intervenciones en Madrid estos días hay que destacar la afirmación según la cual no van a intensificarse las medidas oficiales de reforzamiento del capital, que estaban llevando al sector bancario a una situación de excesivo rigor en sus balances, como si evitar la quiebra de un banco o su impacto negativo en la economía fuera algo que dependiera casi en exclusiva de su volumen de recursos propios. La exigencia de más capital parece que está llegando a su fin. Intensificar esa carrera que se ha desarrollado en los últimos dos o tres años para garantizar altos niveles de solvencia no estaba llevando al sector a una situación sana y competitiva y desde luego estaba frenando su capacidad de préstamo, por lo que la economía en general se estaba resintiendo de estos excesos regulatorios.

Otro de los motivos que han generado cierto optimismo entre los inversores es el de una cierta liberalización en el pago de dividendos, que estaban siendo sometidos en los últimos ejercicios a estrechos controles. Se da por supuesto que el pago de dividendo en efectivo se generalizará, tomando el relevo al pago de dividendo en acciones, como venía siendo habitual en los últimos años.

Con estas afirmaciones lanzadas por las autoridades bancarias europeas, el balón de oxígeno que ha recibido el sector no es desdeñable. De las siete entidades bancarias que forman parte del Ibex 35, hay tres que tienen un PER (número de veces que la cotización supera el beneficio por acción) inferior a las 10 veces, lo que sucede sólo con seis o siete empresas del Ibex. Es decir, la mitad de los valores bursátiles del selectivo bursátil español de los que se puede decir que están bastante baratos son bancos. Otro dato significativo es el de la rentabilidad por dividendo. Hay varios bancos con rentabilidades por encima del 6%, lo que significa que la mitad de las compañías del Ibex 35 que mejor remunera a sus accionistas son bancos.

Los tiempos no son buenos para el negocio bancario ciertamente. Los inversores, muchos inversores, han huido de estos valores porque los consideran poco interesantes y con dificultades importantes para obtener beneficios. Pero el sector está reaccionando de forma rápida y enérgica para recuperar su rentabilidad y para adaptarse a los nuevos tiempos, mientras las autoridades bancarias europeas están aflojando un poco el corsé que habían estado tejiendo en los últimos años para evitar, con la mejor intención del mundo, otra crisis como la de Lehman Brothers. Esa estrategia de dureza reguladora parece haber agotado ya sus medidas y ahora está por ver cómo van a traducirse en una mejor salud para el sector.