La economía no mejora igual para todos

El riesgo de exclusión social en España ha dejado atrás su año más negro, el de 2014, cuando esta situación afectaba a poco más del 29% de los españoles, según las estadísticas del INE que siguen criterios de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. La reducción ha sido escasa el año 2015. Afecta ahora a un 28,6% del total. El riesgo de pobreza, según el INE, afecta a un 22% de la población, también con ligero descenso respecto al año anterior. El avance es interesante pero insignificante ya que afecta a un colectivo de españoles demasiado elevado, sobre todo en Andalucía, la región española más maltratada por la crisis económica, aunque en los indicadores sociales y económicos existe una inercia considerable.

Los cambios de posición entre unas zonas y otras de la geografía española, que los ha habido, suelen remontarse a periodos de tiempo bastante más dilatados que el de los ciclos económicos. Una crisis como la que estamos superando en estos momentos, metidos ya en una fase que felizmente está remontando los últimos peldaños de la subida hacia la zona en la que nos encontrábamos en el año 2007, no siempre permite aflorar grandes diferencias de ritmo entre territorios en una economía como la española, en la que el grado de integración es bastante elevado. Las distancias entre Autonomías, por mucho que el desarrollo del Estado Autonómico haya permitido márgenes de libertad económica diferencial a las regiones, mantienen una inercia considerable y son un reflejo del pasado, incluso bastante remoto.

El triunfalismo en materia económica que destilan muchas declaraciones lanzadas al aire por los políticos más ligados al poder contrasta abiertamente con una situación social que dista mucho de igualar a todos los españoles a la hora de hacerles partícipes de la cosecha de una economía en marcha. Hay que reconocer que la economía española, con una tasa de crecimiento que en el primer trimestre del año se habrá situado en torno al 3,4% en términos anuales (esta misma semana el INE dará a conocer los resultados) está registrando un avance que duplica o multiplica por tres el de algunas economías grandes de la zona euro, como Francia o Italia. Incluso bastante por delante del crecimiento de Alemania. Pero el crecimiento ni es suficiente para corregir las desigualdades ni está repartiéndose de forma adecuada entre las diferentes zonas del país ni entre los sectores sociales.

Uno de los baremos que siempre conviene mirar para ver la forma de corregir estas desigualdades, sobre todo en fases de recuperación del ritmo económico, es el relativo a la función que desempeña el nivel educativo de la población. La sociedad española posiblemente aporta niveles altos de igualdad de oportunidades teóricas para que la gente encuentre empleo y obtenga ingresos adecuados para su subsistencia, pero los niveles educativos siguen ofreciendo grandes diferencias entre sectores de la población. Los datos del INE indican que en el segmento de población de más renta (el 20% de los que tienen más ingresos), el porcentaje de quienes tienen una educación de grado superior llega al 42% mientras en el segmento del 20% de la población con menores ingresos, sólo un 9% de la población cuenta con este nivel de estudios. Con un punto de partida de esta naturaleza, parece difícil que las diferencias de renta entre los segmentos de la población, tal y como se estratifican en la actualidad, puedan ser superados. La mejora de la educación y sobre todo su extensión a todas las capas sociales, con las menores diferencias posibles entre niveles de renta, es una vía bastante segura para reducir el volumen de población con riesgo de exclusión social.