Frenar el déficit, salga quien salga

Salga el Gobierno que salga de las próximas elecciones, España tendrá que ajustar sus cifras de déficit, lo que equivale sobre todo a un análisis crítico y más riguroso del gasto público. Los cruces epistolares y dialécticos entre Madrid y Bruselas han sido crecientes en los últimos días, lo que no parece haber impresionado mucho a los principales contendientes de las próximas elecciones, que siguen hablando del gasto público y de impulsar las prestaciones sociales con la alegría de quien parece ignorar que estamos, en la práctica, sometidos a una estrecha vigilancia por parte de las autoridades comunitarias. Y que si no nos han impuesto ya una multa por déficit excesivo es porque desde Bruselas no quieren hacer sangre en plena campaña electoral, con el riesgo de causar daños colaterales a alguno de los contendientes.

Una de las cosas que más llaman la atención en este debate y en la seriedad de los objetivos de déficit que se nos han marcado (en realidad, los que ya se habían establecido en anteriores versiones del Programa de Convergencia) es la ignorancia supina que le dedican los principales partidos políticos que participan en la contienda electoral en curso, de la cual ha de salir un Gobierno que gestione los asuntos económicos del país en el próximo futuro. Parece increíble que, a estas alturas, algunos partidos todavía estén hablando de aplicar fuertes aumentos en los gastos del Estado o del sector público al nivel territorial que sea, cuando a estas alturas España está claramente excedida en el empleo de recursos públicos que, para mayor desgracia, no tiene. De ahí el déficit presupuestario, que ni siquiera una economía cuyo PIB crece por encima del 3% anual no ha logrado contener o frenar. De ahí también el crecimiento de la Deuda Pública, que ya acaba de situarse por encima del prohibitivo nivel del 100% del PIB.

La ambigua estrategia de comunicación que maneja el Gobierno está contribuyendo además a confundir a todo el mundo. El único que parece tener algo más claras las ideas en este conglomerado de argumentos relacionados con las cuentas públicas es el candidato socialista, quien ha dicho que habrá que crear un nuevo tributo para pagar las pensiones ya que el dinero recaudado con las cotizaciones sociales no alcanza. Y ha añadido, más recientemente, que ese tributo será aplicable a las rentas más altas, lo que no deja de resultar una ilusión en un país cuyo tipo de gravamen sobre la Renta es de los más altos de Europa.

La solución fácil que se sacan de la manga los políticos en este país, sobre todo los que se consideran y califican como progresistas y de izquierdas, es subir los impuestos a los ricos, sin pararse a pensar el nivel actual de tipos de gravamen que tienen las rentas más altas y su comparación con otros países, y sin considera los riesgos de aumento de la deslocalización de capitales y de inversiones así como del aumento de la evasión fiscal. Argumentos que casi siempre se confrontan con el consabido aumento del número de inspectores fiscales y del endurecimiento de las penas y sanciones por incumplimiento fiscal, dos remedios que según algunos serían suficientes para hacer efectivos los aumentos de recaudación fiscal señalados.

La panacea del elevado déficit fiscal del país pasa por una revisión rigurosa y más crítica del gasto público a todos los niveles, tanto del Estado como de los entes autonómicos y municipales. El país tiene que ajustarse a sus posibilidades y a la realidad, lejos de fantasías recaudatorias que acaban por erosionar aún más la capacidad de recaudar impuestos, como están empezando a ver algunas Autonomías que en los últimos meses se han deslizado por la peligrosa rampa del incremento de los tipos fiscales.